Mostrando entradas con la etiqueta Solidaridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Solidaridad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de noviembre de 2009

VIKTOR KULBICH: “Los niños de la calle viven en pisos con alcohólicos y drogadictos y les pagan el alquiler con bebida”



Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

En 1990, Víktor Kulbich comenzó su labor social en Kiev. Ahora, cuando la asociación que dirige, el Ukranian Center for Christian Cooperation, ha cumplido la mayoría de edad, puede presumir de ser uno de los centros de referencia del país en la labor con niños de la calle, mientras a título personal, es considerado como uno de los valores más influyentes de la sociedad ucraniana.

-¿En qué consiste su trabajo?

- En la asociación trabajan 17 personas y el voluntariado es básico para poder hacerlo realidad. Además de otras secciones, tenemos dos dedicadas en exclusiva al trabajo con niños. Una de ellas se centra en formar a los profesores y la otra es de trabajo social directo con ellos. Aquí ayudamos a los niños de la calle, a niños con enfermedades derivadas de Chernóbil y también a niños que viven con familias desestructuradas, a las que le falta algún miembro y a las que viven bajo el umbral de la pobreza.

-¿Cómo se concretan estas acciones?

-Uno de los programas más importantes es el de “Proyecto Niño de Navidad”, en el que participan alrededor de 500.000 menores de toda Ucrania, que reciben regalos en estas fechas. El otro, es el los campamentos de verano de la “Aldea de la esperanza”, donde pueden pasar por las instalaciones hasta 14.000 niños.

-¿Por qué ha tenido tan claro desde el primer momento que el trabajo con los niños era primordial?

-Hay varios motivos. Si hay cataclismos de la naturaleza, las primeras víctimas siempre serán los niños. En las batallas políticas, los más heridos son los niños y además, siempre que se registran conflictos familiares, los peor parados son siempre los hijos. Todo esto está influyendo mucho y muy negativamente a estos pequeños. Por ejemplo, tras el desastre de Chernóbil, los padres tenían miedo a tener hijos y cuando los tenían y padecían problemas de salud, los rechazaban. Es por eso que trabajamos con varios hospitales infantiles y ayudamos a las familias para que curen a sus hijos.

-¿Son entonces los niños de la calle su principal preocupación?

-Definitivamente, sí. Este problema existe de verdad. El Gobierno actual hizo mucho para dar más facilidades para trabajar con estos chicos y están intentando controlarlos. Cerraron muchos zulos donde dormían y los están recolocando en orfanatos, aunque son casi como cárceles y es realmente muy duro para ellos.

-¿Cómo viven estos menores?

-Los que están en orfanatos ponen todo su empeño en escaparse y vivir en la calle. Ahora ya duermen en zulos o en los pozos de la calefacción. Actualmente buscan los pisos de los alcohólicos y drogadictos. Se hacen amigos de ellos, salen por la noche a robar y a trabajar, compran comida, alcohol y le pagan el alquiler. Son menores con edades comprendidas entre los 6 y los 14 años, aunque la mayoría son niñas.

-¿Y eso?

-Porque muchas madres las venden para prostituirlas y acaban así.

-¿Cuál es la principal razón para que estos chicos se vean en la calle, solos?

-Hay varias causas. La prostitución de sus madres, la incapacidad de sacar adelante una familia, la violencia, el simple abandono… La mayoría de los niños no tienen ningún tipo de documentación y al no tener papeles no pueden ni ir al médico, por eso es vital brindarles asistencia, limpieza, higiene, ropa, calzado…

-¿En que estado se encuentran?

-Bueno, lo complicado es saber en cada momento dónde están y cómo están. Son muchos y vienen al centro a comer, a lavarse o cuando tienen algún problema pero son muy celosos de sus espacios privados. Casi ninguno sabe leer ni escribir y por eso les damos clases. Llegan con la ropa destrozada, sucios y hasta con bichos porque pueden tardar un mes en aparecer. Muchos consumen pegamento, tabaco, alcohol y otras drogas desde pequeños. La policía colabora para hacerles papeles y que puedan ir a estudiar o trabajar.

-¿Y viven de día o de noche?

-Prioritariamente de noche. Muchos niños no solo roban. Hacen trabajos como descargar basura o camiones. Está prohibido el trabajo infantil pero algunos operarios se arriesgan para darle una ayuda y que puedan comer. Cuando no hacen esto andan toda la noche buscando entre los contenedores de basura. De día duermen, y lo hacen donde pueden.

-¿Cómo de extendidas están las redes de prostitución de menores?

-Considerablemente extendidas. La mayoría de las chicas son vendidas pero también existe un importante desorden entre los propios niños. Viven muchos juntos, con relaciones sexuales entre ellos y habitualmente no saben ni quienes son los padres de sus hijos. Las chicas más mayores las venden a otros países, las engañan ofreciéndoles trabajo y las mandan como esclavas sexuales a diferentes países de Europa. De hecho las estadísticas no oficiales revelan que el 40% de las prostitutas que están en Europa son de Ucrania, Moldavia, Rusia y Bielorrusia, que es casi la mitad del total. Además, las ucranianas se consideran como las más guapas y se venden y se compran muy rápido.

-¿Y qué hay de las mafias?

-En Ucrania existen realmente. En Kiev es muy difícil de ver porque es la capital y no hay granjas como en otras poblaciones. Hace poco salió un reportaje de Odesa, en el Mar Negro, y descubrieron fábricas y granjas donde trabajaban niños, encerrados, que vivían como animales. La policía le dedica poco tiempo a estas cosas y normalmente interviene solo cuando ya no hay salida y hay un peligro real.

-¿Es optimista de cara al futuro, con estos niños?

- Mi meta es darle el calor y el amor de una familia. Ya he visto casos en los que los niños han empezado una vida nueva y han olvidado todo su oscuro pasado. Hay resultados y nuestra puerta siempre estará abierta. Además, soy optimista. Este país tiene que salir de la crisis económica, social, de valores y de alma que atraviesa. Ucrania es muy rica. La gente es buena pero están dirigidos por mala gente, aunque no perdemos la esperanza de que lleguen buenos gobernadores porque esto no puede ser así siempre.

lunes, 23 de noviembre de 2009

CANLE 0,7 - TV: 'El sistema hospitalario en Ucrania'



Roi Palmás/Oscar Dacosta, Kiev (Ucrania).- El sistema sanitario en Ucrania presenta un estado critico, la falta de material en los hospitales obliga a los medicos a convertirse en autenticos heroes para seguir salvando vidas.

"Hay grandes deficiencias en material sanitario y educativo"

Roi Palmás, Kiev (Ucrania).- Entrevista a Marisol Pino, presidenta de la asociación solidaria de San Roque en Salvaterra do Miño. En esta entrevista detalla todos los pormenores de un proyecto de Ayuda Humanitaria que partió, por segunda vez, desde Galicia con destino a Ucrania.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Ucrania, ese país de contrastes

Aunque a mucha gente en la mal llamada “Europa Occidental” le cuesta situar a Ucrania sobre un mapa, lo cierto es que se presenta como un descubrimiento apasionante. Tras varios dias de estancia en el pais, la expedicion de Agareso esta en condiciones de argumentar que esta es una tierra marcada por la historia y por los contrastes que se pueden ir descubriendo a medida que pasan las jornadas.

Quizas se pueda tener una imagen distorsionada de lo que ocurre en las calles de la capital. Kiev es un enclave plagado de referencias religiosas. Abundan los espectaculares templos ortodoxos. El respeto a las creencias es maximo a todos los niveles pero al final la convivencia entre doctrinas es un hecho. Sin embargo, tambien es igual de cierto que la ciudad cuenta con arterias asfaltadas dignas de una ciudad de 5 millones de habitantes o mas pero son estas mismas vias las que hacen mas incomprensible el estado de otras muchas carreteras secundarias plagadas de badenes, agujeros y piscinas naturales diseñadas por la lluvia. Los grandes coches, los de las marcas mas exclusivas, aparcan en las plazas contiguas de viejas maquinas de hace medio siglo, abolladas y con la pintura casi diluida por el paso del tiempo. Hay ricos que son realmente muy ricos y pobres que ocupan el otro extremo de la balanza. El rural y lo urbano chocan violenta y frontalmente, aunque no haya seguro a todo riesgo que se haga cargo de los damnificados.

En los alrededores de la ciudad existen casas y propiedades sobre grandes lagos donde los vecinos pescan sus propias carpas para cenar. Unos pocos kilometros mas adelante las fincas se funden con el horizonte hasta donde la vista no puede llegar. Sobra terreno para todos y la falta maquinaria, que unos pocos se empeñan esconder o destrozar. Son los mismos que se han hecho ricos sin haber dado palo al agua, al mas puro estilo de los perros de los hortelanos. Sobra pobreza y falta industria… es el contraste mas crudo.

Los salarios de los grandes profesionales parecen infimos al cambio de otras monedas por ser alrededor de una decima parte de los que conocemos como “base”. Sin embargo, alquilar un piso en la ciudad, aunque no tenga vistas al rio, se escapa de las posibilidades economicas de casi todos. Quitando el verano, que es cuando los visitantes extranjeros aprovechan para empezar a descubrir la ciudad, el frio invierno a muchos grados bajo cero se presenta con la firme intencion de aletargar a todo el que intente darle la vuelta a la tortilla. Y mientras, los alquileres convierten el vivir en un lujo, el pasado recuerda que no hace tantos años, cuando se estaba bajo otra bandera, el poder repartнa casas para los ciudadanos.

El pais se debate ahora entre los que hablan ruso y los que prefieren la lengua ucraniana. Son punteros en la industria quimica ligada al mundo de la agricultura pero han perdido de golpe su presencia en el panorama internacional de las factorias pesadas. Hasta ahora hemos visto caros abrigos de piel hasta los pies y otros que ya han pasado por muchas manos y muchas vidas.

Hemos visto bodas con novias equipadas con chal de invierno e invitadas con sandalias y medias finas pisando charcos sin inmutarse, tambien jardines abandonados, equipados como auténticos desguaces o vertederos, alejados de los grandes muros de piedra de las casas que no se ven desde la carretera. Pero si algo nos ha dado que pensar ha sido el mundo de las escuelas. Las hemos visitado muy humildes y las hemos visitado muy exclusivas, de las que ya tienen la matricula cerrada hasta 2011. Para que no haya enfados, no diremos las localizaciones ni de unas ni de otras pero lo que si que es cierto es que en la de 1.965 metros cuadrados, en la que hay camas de cuentos de hada, salas de juegos con modernos modelos para niсos y niсas y hasta un acuario con peces de colores como divertimento, la vida se entiende de un modo cuando menos diferente a cуmo se puede llegar a explicar en otras en las que sigue habiendo huecos donde se hace fuego para poder dormir encima caliente.

Por ultimo reflexionar en voz alta sobre un episodio de la historia que aqui sigue siendo clave. No nos referimos solo a los tanques reales que decoran las entradas de algunos pueblos y ciudades. El dato clave es que cada 8 de mayo los veteranos nazis se congregan por estas tierras para rendir tributo a su memoria. Al dнa siguiente, el 9 de mayo, lo hacen los veteranos ucranianos para celebrar la victoria en la Segunda Guerra Mundial ante los mismos iconos militares que recuerdan la ultima cita belica con mauъsculas entre las principales potencias internacionales. Ucrania es un paнs de tales contrastes que permite que unos y otros se manifiesten por sentimientos encontrados y que se vea como algo normal.

Valentina: “En el hospital hacen todo lo que pueden, el problema es politico”


Fotografias: Oscar Dacosta

Roi Palmas/Kiev

En el corazon de la planta de neurologia, en una habitacion con humedades, con la pintura desconchada y con la certeza de que no hay mas cera que la que arde, nos encontramos a Valentina. Pronto conectamos. Valentina es ucraniana, como toda su familia pero acaba de regresar urgentemente a su pais porque su madre, de 74 años, se ha puesto enferma. Lleva 14 dias en un centro hospitalario de Kagarlic y no sabe cuanto tiempo mas tendra que seguir en estas condiciones.

Valentina acaba de aterrizar procedente de la otra esquina de Europa. Viene de Estoril, en Portugal, donde lleva tiempo trabajando. Habla perfectamente la lengua lusa y tanto por la comprension idiomatica como por la historia, nos sentimos irremediablemente atraidos por ella y por su madre.

Dice que “todo lo que gano lo estoy invirtiendo en cuidar a mama”. Las condiciones en las que esta su progenitora son desesperantes. La hija tiene que “comprar todas las medicinas. El jarabe lo he traido desde Portugal y el resto de la medicacion se tiene que obtener en las farmacias”. Este gasto asciende a “unos 80 euros diarios”, una cifra desorbitante cuando se sabe que es mas del sueldo mensual de muchisimos ucranianos que desempeñan buenos puestos de trabajo y que tienen titulaciones universitarias a sus espaldas.

Cuando todo el mundo pudiera pensar que Valentina descargaria sus quejas sobre la direccion y los medicos del hospital, nos indica que “el trato es exquisito. Aqui hacen todo lo que pueden, todo lo que esta en su mano y mas, pero el problema es politico. El sistema esta realmente mal”. Nos cuenta que su madre, que sostiene la mirada perdida, entre ruborizada y hastiada por esta obligada estancia hospitalaria, “trabajo durante 45 años en la agricultura pagando puntualmente su seguro social”. En ese momento es cuando nos espeta una de esas preguntas para las que todavia no hemos encontrado respuesta: “?Y por que mi madre, despues de toda una vida trabajando, tiene que estar asi, comprando hasta la ultima jeringuilla que le hace falta…?

Sonidos de la Ucrania profunda

Relato del paisaje social de la Ucrania más profunda donde el deficiente estado de la necesidades básicas de la población civil son otra remora de la historia contempornea y de una práctica política alejada de las realidades centrales en el país. Roi Palmás aporta algunos sonidos de Ucrania profunda para AG Radio.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Sentido de agradecimiento a la labor humanitaria de la expedición



Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

En la recta final de la parada técnica en la Educación a que ha obligado el miedo a la gripe A, la escuela de enseñanza básica de Mirivka, situada en la provincia de Kagarlic, acogió el acto institucional de entrega de obsequios con los que tanto la dirección del colegio como el resto de la comunidad quisieron agradecer la labor humanitaria que se está llevando a cabo desde Galicia.

Svetlana Mukovoz, la subdirectora y jefa de estudios del centro, hizo entrega de diferentes regalos a los representantes de Agareso, de la Asociación de Solidaridad San Roque y también enviaron un especial recuerdo y unos presentes a la Diputación de Pontevedra, como agradecimiento a la recepción de la ayuda enviada a través de esta expedición.

En el acto, en el que se ofrendaron las confecciones típicas del país (RUSHNIK) bordadas por los alumnos de este colegio, estuvieron presentes las máximas autoridades locales y se celebró una comida por todo lo alto para refrendar el agradecimiento mutuo de las dos partes inmersas en este proyecto común.

Además se han empezado a asentar las bases de futuras colaboraciones entre el colectivo de Leirado y esta comunidad rural, centradas en gestionar nuevas aportaciones de material humanitario pero también poniendo sobre la mesa un más que factible intercambio cultural entre Ucrania y Galicia en el futuro, aprovechando el alto potencial que tienen los alumnos de esta región en el campo del baile tradicional, que entronca directamente con otras manifestaciones artísticas similares en la provincia de Pontevedra.

Vladimir el poeta

Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev


Vladimir es poeta. Tiene 28 años y escribe sobre su madre y su familia pero también sobre la vida y sobre el tiempo. Reconoce que le ruboriza un poco hablar sobre esta faceta pero nos dicen que realmente lo hace muy bien. Vive en una pequeña casa de un barrio cualquiera. Realmente no importan demasiado las coordenadas geográficas porque a “Vova” su espacio le queda pequeño. Su mente está mucho más allá, corre mucho más rápido que la de su entorno y lo único que le frena es precisamente estar tan aislado.

Es el alma de su casa y también de su familia. Sus padres son ya bastante mayores. Le han visto crecer y hacerse un hombre. Lo que más desea ahora mismo es un ordenador. Su intelecto le hace merecedor de una de esas grandes computadoras que mueven el mundo pero advierte que con un viejo y simple modelo es más que suficiente. Prefiere “abrir esa ventana al mundo de ahí fuera” a arreglar otras cosas, quizás más urgentes. Sus problemas en el riñón, por ejemplo, son uno de los gastos más elevados de la familia. Lleva años dependiendo de medicación y las piedras que lleva dentro parecen pesarle como losas en su intento de huída hacia el progreso.

Vladimir se ha empeñado en desmontar mitos. Dice que siempre tiene las piernas frías aunque le desborda el fuego en los ojos. Cuando te mira, te estudia y cuando te tiene estudiado ya te ha ganado. “Vova” va en silla de ruedas, vive en un rincón rural del corazón de una pequeña aldea, sufre parálisis cerebral desde que nació y sus órganos internos están dañados. Pero no importa, porque “Vova” es feliz, es un genio y además, es poeta…


Ganna, el vademecum de Mirivka




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Si hay alguien que no puede sucumbir ante la enfermedad, esa es Ganna. La señora Misnik es probablemente una de las piezas claves para el entramado social de Mirivka, una de las partes importantes de la provincia de Kagarlic. Se trata de la última y por lo tanto, la única doctora de la zona.

El modesto ambulatorio que lidera es el de centro de referencia para 2.200 personas de cinco aldeas diferentes. Aparcar en la puerta de este “complejo” hospitalario es entender que las quejas más repetidas en el entorno sanitario de otras latitudes se quedan simplemente huecas de significado a este lado de Europa. La sensación térmica en el exterior es realmente adversa. Ganna sale del edificio con un acentuado sombrero porque incluso dentro se deja notar el frío.

Nos cuenta que hubo un tiempo en el que su centro de salud tenía el doble de superficie y que la construcción que sigue en pie al otro lado del camino actuaba como complemento asistencial. Sin embargo, el hecho de que cada vez nazcan menos niños (mientras hace 10 años se contabilizaban una treintena de alumbramientos, ahora esa tasa no supera los cinco) y que las dificultades económicas se hayan ido acentuando marcadamente, han provocado que las luces y la actividad se vaya apagando poquito a poco.

Lo que quizás más nos llama la atención es la furgoneta que hace las funciones de ambulancia. La unidad móvil asistencial con la que cuenta este centro es un modelo de hace cuatro décadas. Donde en otros lugares existe un completo quirófano medicalizado portátil, aquí, en Mirivka, hay dos asientos, un banco de madera y una camilla de tela que recuerda más a la Segunda Guerra Mundial y a los hospitales de campaña que al vehículo de urgencias. Además, sobre el ondulado y abollado suelo de metal donde deben ir los enfermos y las parturientas, se arremolinan aperos de labranza y rastrillos oxidados, lo que sin duda no invita precisamente a ponerse enfermo. Con una sonrisa de resignación nos dicen que en caso de un traslado de urgencia, este puesto base cubre zonas alejadas de hasta 45 kilómetros de distancia del hospital central. La siguiente pregunta es ¿a qué velocidad puede conducir esta ambulancia? y la respuesta es, precisamente, “a unos 45 ó 50 kilómetros a la hora”. Esto quiere decir que, en el mejor de los casos, un paciente de urgencia tardaría sesenta minutos en llegar a destino, tiempo más que suficiente como para perecer en el intento o para dar a luz por el camino. Si a ello sumamos el estado de las carreteras, zurzidas de baches y charcos embarrados, el resultado es todavía más desalentador.

Pero el territorio y el milagro diario de Ganna no acaba ahí. Su ambulatorio no tiene agua corriente. De hecho hay que salir al exterior para subirla a mano de un pozo cercano. Es la vara ideal para poder medir el estado general del contexto. La doctora, la que mejor conoce a sus vecinos por dentro y por fuera, trabaja en medio edificio. La otra mitad ha sido cerrada con una falsa pared para que la calefacción existente se concentre en la mitad de metros cuadrados, ya que las facturas eran inasumibles. De todos modos pedimos visitar la otra parte, la desangelada, y efectivamente la atmósfera es tan gélida como imaginábamos.

El resto del mobiliario lo conforman plásticos en las ventanas para combatir el invierno, butacas similares a las de un viejo cine desmantelado para las esperas y un invento casero a base de chatarra para calentar los grandes radiadores de las estancias: Un cable metálico enchufado a la corriente sumergido en un caldero con agua. Así se trabaja o mejor dicho, así se tiene que trabajar.

Pero a pesar de todo, la dignidad que le imprime Ganna es más que suficiente como para estar orgullosa. Cuenta con su laboratorio, con su zona de fiosioterapia, su dispensario farmacéutico y su zona infantil. Además puede albergar a pacientes, aunque solo de día. Es por eso que la doctora Misnik es la especialista, la psicóloga, la curandera y la druida de toda la comunidad. Es el alma máter y también el Vademécum que nunca se puede poner enferma.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Jornada de puertas cerradas


Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Lo de menos estos días es el nombre de la escuela. Lo que cuenta es que no hay niños. Donde siempre retumbó el ruido de la sangre joven, hoy hay un incómodo silencio que acrecienta la sensación de frío que ya se ha metido en los huesos. Nos acercamos sigilosamente y en una vieja placa descolorida por el paso de los años se puede leer que nos servirá como ejemplo la escuela de la aldea de Nebelitza.

Un candado cuelga del centro de la puerta. En el estrecho zaguán, a la derecha, una bicicleta a la que le han ido remendando todas sus partes y de frente, un aula cerrada. La gripe, o mejor dicho la amenaza de una gripe masiva, obliga al centro educativo a presentarse con un halo fantasmagórico. Al fondo del pasillo encontramos la mirada clavada de una señora de unos setenta años que busca respuestas. Nos identificamos y nos abre las puertas. Lo primero que reclama nuestra atención no es la decoración. El suelo de la clase está en pendiente. Difícil precisar la inclinación pero recuerda a las aulas magnas de las universidades, aunque sin púlpitos ni tarimas. Las ventanas originales se han ido carcomiendo y en una de las fachadas lucen algunos plásticos que intentan que no se fugue el calor de la calefacción.

Las mesas empleadas viven en esta escuela una segunda juventud. Las tomas de corriente descubren que antes fueron superficies de trabajo en alguna fábrica pero con los retoques necesarios se han convertido en pupitres. Si no fuera porque el encerado está tan usado que ya casi no se puede escribir encima, podría llegar a pasar desapercibido.

A la señora del principio, nuestra guía, se han ido uniendo algunas más de su quinta. Señoras muy mayores que resultan ser el claustro del profesorado. La perplejidad de nuestras caras revela que no entendemos cómo ellas están al frente de la educación del ucraniano medio del mañana, sobre todo cuando nos certifican que ya están jubiladas. “Lo hacemos por los niños, porque si no damos clase nosotras, no las dará nadie”. Espeluznante, porque el día que ellas no puedan (no tan lejano), todas las miradas se posarán sobre los padres para ver si alguno de ellos se atreve con la responsabilidad de formar a los estudiantes en la materia de la vida.

Seguimos con el recorrido y paseamos por las clases desiertas. Imaginamos a niños de diferentes edades recibiendo las nociones más básicas. El “salón de usos múltiples” y el gimnasio están instalados en el patio, al aire libre, rodeado de casas abandonadas donde lo único que se mueve es el frío viento que azota con ira las tejas.

Preguntamos por el cuarto de baño que no habíamos visto aún y nos señalan que a lo lejos, en la caseta del fondo, lo podremos encontrar. Para llegar hasta él hay que rodear el colegio, cruzar un camino y abrir una puerta. Cien pasos de adulto contados uno a uno para llegar a dos pequeños zulos. Uno de ellos con un agujero, el contiguo tiene dos. La sorpresa inicial nos remonta a siglos atrás. La imaginación recrea mentalmente escenas cotidianas donde la intimidad hace tiempo que no tiene cabida. Pero de pronto nos avisan. Ese mísero lugar ha pasado de ser nauseabundo a convertirse en un auténtico lujo en décimas de segundo. Y es que en la parte trasera de esta endeble construcción se erige la parte reservada a los alumnos. Si los profesores tenían uno y dos agujeros donde encontrar desahogo, los niños y las niñas escolarizados se tienen que contentar con media docena de hoyos excavados en el suelo en una habitación común. Desconocemos todavía lo profundo de la cavidad pero seguimos echando en falta la existencia de agua y de cisterna.

La cara y la cruz de la vida




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Tamara Luva tiene dos hijos. Vive en una zona donde no llegan los ecos de los grandes coches que transitan las principales avenidas de Kiev. Los problemas que ocupan su cabeza se centran en dar estabilidad a su atípica familia. Junto a ella y a su prole, viven tres pequeños más. Realmente no es su tía carnal, aunque ahora mismo tiene los galones suficientes como para considerarse la madre de todos ellos.

Los padres biológicos de los niños murieron hace años. Vivían todos juntos en otra ciudad y la muerte destrozó literalmente su tranquilidad y sus vidas como quien agita un pelele sin compasión. En casos similares el perfil de estos menores les condenaría a buscarse la vida en la calle a temperaturas bajo cero o a acceder, en el mejor de los casos, a un orfanato. Pero Misha, Alejandro, Vladimir, Igor y Elena son ahora una familia feliz, a pesar de todas las adversidades.

El mayor tiene 18 años y el más pequeño, la mitad. La habitación es amplia, equipada con literas, no hace frío y lo cierto es que se les ve creciendo sanos y fuertes. Lo que ocurre es que las cosas no han sido siempre así. Cuando llegaron no había nada. Los niños estaban literalmente traumatizados con la desaparición de sus padres. Su vida se agitaba y no había lugar a demasiadas explicaciones. Uno de ellos tiene distrofia y coger el ritmo del resto de compañeros en clase fue, cuando menos, complicado para todos.

Sus mayores necesidades se han centrado desde que son una unidad familiar en ir acondicionando una casa vieja que en el patio exterior cuenta con dos pequeñas construcciones similares. La más cercana al hogar es un granero para almacenar reservas de comida. La otra, situada en la otra punta de la propiedad, es el cuarto de baño. La única diferencia entre ambas es un pequeño hueco abierto de ventilación en la pared. “Todos los gastos se nos van en los arreglos de la vivienda y no queda nada para comprar ropa y calzado”. El duro y famoso invierno ucraniano está a punto de llegar y se avecinan meses complicados. Aún así, hasta Nora, la peluda mascota que juguetea con ellos en la habitación, ha asimilado el lema que la matriarca ha inculcado a este hogar. “Estamos todos vivos, tenemos salud y por eso damos gracias a Dios”.

A pocos kilómetros de este hogar que crece hay otra realidad bien distinta. Hasta 14 personas conviven repartidas en 3 habitaciones. Los malabarismos aritméticos para encontrar una combinación lógica son inútiles, sobre todo, cuando hay una embarazada en la familia. Pronto serán una quincena de bocas que alimentar. La entrada de la humilde casa hace las funciones de despensa y trastero. No hay agua caliente y el único cuarto de baño de la casa nunca es suficiente. A la hora de pedir que prioricen sus necesidades –algo realmente complicado– se ruborizan y dicen que lo más urgente serían literas y una mesa para que los niños puedan hacer sus deberes. Lo de renovar el sofá que ha dado cobijo durante cientos de noches a los inquilinos de la casa queda para una mejor ocasión y con él, las necesidades de los adultos. “Lo primero siempre son los niños…”

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El pánico a la pandemia gripal, elevado a la enésima potencia




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Todo lo que se ha hablado, escrito y oído sobre el virus de la gripe N1-H1 (la conocida como Gripe A) en España es algo irrisorio con lo que acontece en el día a día de Ucrania en relación a este asunto. El país está literalmente tomado por las medidas de seguridad -que a veces parecen extremas- para combatir este problema que no se ve pero que se palpa en el ambiente, aunque no haya mutado al estado de plaga. Mientras en el contexto español se están viviendo los primeros compases de una vacunación preventiva en bloque, la ciudadanía ucraniana pasa sus días pendiente de extremar las condiciones de higiene y limpieza para no dejar paso a posibles contagios. A tal punto ha llegado la situación que el Gobierno central ha ordenado el cierre de todas las escuelas por espacio de tres semanas. Ese plazo finaliza dentro de unos días y mientras tanto, los más pequeños han visto interrumpida de la noche a la mañana su formación académica, aunque lo que más preocupa es que nadie puede asegurar que este plazo no se prolongue durante tres semanas más, en principio.

Así, con las aulas vacías y con la práctica totalidad del sector servicios que trabaja de cara al público obligado a portar mascarillas protectoras, se levanta y se acuesta el país. Por la televisión se ven imágenes de extranjeros y nativos que las portan. En las iglesias, en el metro, en los supermercados o en los aviones, se puede ver esa imagen ya normalizada aunque sin duda fuera de lo normal si se analizan detenidamente los indicios y los casos reales de la enfermedad. Sin embargo, basta con hacer una rápida encuesta entre la población de a pie para confirmar que este problema de la gripe A, y lógicamente, el miedo que se ha instalado desde el poder a un contagio masivo, no preocupa como podría parecer a la mayoría de los ucranianos. De hecho, los habitantes acostumbran a entender todo este proceso como algo inducido por los grandes actores económicos (véase empresas farmacéuticas o intermediaros que venden no sólo medicamentos, sino productos que convencionalmente ayudan a minimizar los síntomas de estos procesos como el limón, los ajos o la miel, que han multiplicado su precio varias veces desde que estalló el pánico y que junto con las propias mascarillas se han convertido en bienes de primerísima necesidad).

Y sobre todo, este panorama sobrevuela una única idea con dos vertientes: que en 2010 se convocarán elecciones generales y que la clase política parece ser la más preocupada por combatir este virus, tanto de puertas para adentro del país, como de cara al exterior, a quien se le está transmitiendo una imagen de concienciación social que precisamente en el corazón de la ciudad sigue sin cuajar tan profundamente como desearían los mandatarios.

“Podemos vivir en países diferentes pero el brillo en los ojos de los niños es exactamente el mismo en cualquier parte del mundo”

OLGA TIJONOVA
(Máxima responsable del orfanato Malutka)



Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Olga Tijonova lleva once años trabajando en el orfanato Malutka (que significa “niño pequeño”). Desde que se puso al frente de la institución ha visto evolucionar los métodos de enseñanza a los niños, ha logrado elevar el nivel general de las instalaciones y de la convivencia y se marca como reto seguir mejorando el entorno para que los más pequeños encuentren el sentimiento de familia que les ha sido arrancado a todos ellos por unas u otras circunstancias.

-¿Cómo llegan los niños hasta este orfanato?
- Antes, hace años, llegaban niños de la calle, que eran encontrados en medio del bosque por los vecinos o simplemente traídos por sus familiares. Ahora, en cambio, se sigue un proceso mucho más exhaustivo. Tienen que pasar por el hospital, se les hace un chequeo completo, son inscritos en un registro y están supervisados legalmente en todo momento.

-¿La principal vía de llegada es la muerte de los padres o el abandono?
-El abandono ha sido clave durante años. Hay padres que realmente no se pueden hacer cargo de ellos pero también hay casos de niños con parálisis cerebral o con enfermedades crónicas que desembocan en su llegada al orfanato. El Estado está concediendo subvenciones a aquellas familias que tienen más de un hijo para elevar la tasa poblacional pero aquí sigue habiendo 94 niños de diferentes edades.

-¿Se tramitan adopciones a nuevas familias para estos niños?
- Sí, lo que ocurre es que es un proceso complejo. El año pasado, por ejemplo, se adoptaron siete niños enfermos, todos ellos fuera de Ucrania, y se puede decir que va en aumento el número de familias que llevan a estos pequeños a sus casas para comenzar una nueva vida con ellos.

-¿Cuáles son los grandes problemas que se encuentran en el orfanato diariamente?
- Lo principal son las deficiencias en las instalaciones. Se hace lo que se puede con lo que hay aunque si no fuese por la ayuda externa no sería posible. Hace poco tiempo se han colocado las ventanas nuevas, aunque todavía faltan y estamos en obras en una de las habitaciones. Es necesario crear un ambiente agradable para los niños, en el que se sientan a gusto y en el que no se depriman. Además hay otros problemas, ya que hay niños que han sido abandonados de los que ni siquiera sabemos la edad exacta al carecer de cualquier tipo de documentación.

-¿Cómo califica la cooperación nacional e internacional recibida?
-Insisto en que sin las asociaciones que colaboran habitualmente con nosotros sería imposible hacer todo lo que hacemos. Además, de los españoles hemos aprendido y copiado algunas cosas de su carácter, ya que nosotros no somos tan expresivos ni tan abiertos. Lo cierto es que podemos vivir en países diferentes pero el brillo en los ojos de los niños es exactamente el mismo en cualquier parte del mundo y aquí se puede ver.

-¿Cuál fue el primer cambio que introdujo cuando se hizo cargo del centro?
-Lo primero fue cambiar el modo de trabajo de los profesores. Nos dimos cuenta de que los niños tenían graves deficiencias de aprendizaje, motivadas por los métodos y la escasa atención de los responsables. Algunos niños habían aprendido mediante dibujos que estaban al revés y habían asimilado conceptos a imágenes erróneas. Además grabamos las clases de estos profesores y después hemos analizado esas grabaciones con ellos para detectar y solventar los errores. Como fruto de estos avances hemos organizado aquí un simposio para todos los directores de orfanatos del país en el que se han explicado todas estas técnicas.

-¿Se puede decir por lo tanto que es este un buen momento para el orfanato?
¬-Sí. El país ha estado tiempo atrás en situaciones complicadas en las que las mejores cosas simplemente desaparecían y el número de niños sin hogar crecía alarmantemente. Para sobreponernos hemos optado por crear una calidad de vida y poco a poco ir mejorando las instalaciones. Se puede decir que ahora estamos sensiblemente mejor.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Solidaridad con Ucrania desde Salvaterra do Miño


Fotografías: Óscar Dacosta


Roi Palmás, Salvaterra do Miño (Pontevedra).- Quieren ayudar y saben cómo. Lejos de Salvaterra do Miño, en un país donde el frío es una de sus claves nacionales, un grupo de niños, residentes en varios orfanatos, recibirán, en breve, un fuerte abrazo desde España. Es la repercusión de la Ayuda Humanitaria que, en estos instantes, se encuentra a bordo de un camión que recorrió el viejo continente hasta detenerse en la frontera de un país de la extinta Unión Soviética .

La Asociación de Solidaridad de San Roque, de Salvaterra do Miño, puso en marcha esta iniciativa con un claro objetivo: fomentar la solidaridad con los niños de los orfanatos. Algunos responden al diagnóstico de la parálisis cerebral. Otros forman parte del numeroso colectivo de pequeños simplemente desfavorecidos. Ante este escenario, la intervención debe ser inmediata para paliar las necesidades básicas, sean españoles o extranjeros, con una especial atención a Ucrania.

Según esta organización gallega de acción humanitaria, nacida en 2008, la población civil ucraniana carece de camas, aseos, mesas, vajilla para comer y los niños necesitan ropa, calzado, juguetes para su desarrollo personal, así como material escolar, pupitres entre otros elementos básicos.

Uno de los objetivos de la Asociación consiste, precisamente, en recoger toda aquella donación que socios o personas o instituciones que comparten su inquietud, de forma desinteresada, y entregan este material para dormitorios, centros educativos, sanitarios, ortopedia y diverso vestuario para adultos y niños.

Los objetos fáciles serán llevados a Ucrania en camión y bajo la supervisión de los miembros de la Asociación, con el fin de asegurar y tener la certeza de que esta ayuda llega a los necesitados y no quede requisada en dependencias aduaneras, ni sea objeto de tráfico ni de reventa.

Una cosa tienen clara: continuarán trabajando por mejorar la vida de estos chicos porque, aunque la distancia sea enorme, su espíritu de colaboración es superior a los kilómetros que separan un lugar de otro.