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viernes, 27 de noviembre de 2009

PETRO, EL GENIO PRUDENTE Y COMEDIDO




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi/Kiev

Todos estos días en Ucraina (que es como se debe de decir) no hubiesen sido viables sin Petro. Él es, sin lugar a ningún tipo de dudas, el "alma pater" de todo esto y además de ser nuestro guía, nuestro profesor, nuestro representante y nuestro traductor, se ha convertido en nuestro AMIGO con mayúsculas.

Petro sabe que se ha convertido en Pedro. Un sutil cambio para explicar que sus raíces ucranianas han entroncado a la perfección con la forma de vivir en España y en Leirado. Hace un par de semanas, antes de partir rumbo a su país de origen, se le veía nervioso. Sabíamos que había puesto muchas ilusiones en todo este proyecto y como es hombre de tener todo bien atado, las jornadas previas se hicieron intensas. Muchas llamadas y correos entre España y Kiev se registraron desde su móvil y su ordenador. Todo, para que las cosas hayan podido salir así de bien.

La historia de Petro no cabe en este post. De hecho, no cabe en todo este blog, pero hemos acordado que se merece un lugar destacado en él y por eso lo hemos dejado para el final. La guinda de toda tarta que se precie es siempre el bien más admirado y, valga la similitud, Petro es el que más sonrisas nos ha arrancado y al que más favores le debemos todos nosotros.

Por descifrar solo la punta del iceberg que lleva dentro, diremos que es un hombre experimentado en la vida. Nos ha enseñado donde nació, donde permanecen sus huellas de cuando solo era un crío, donde estudió y también donde hizo una de esas hazañas para las que no hay medallas (y en caso de que las inventasen, jamás podrían condecorar sufucientemente al que las porta). Nos referimos al día que hace unos cuatro años se despidió de su buen amigo Igor en un descampado como el que se despide después de unas largas vacaciones en el pueblo de los amigos de la infancia. Una mochila con las cosas realmente más básicas y un largo proyecto por delante: hacer el camino de Santiago. Nada raro, sobre todo ahora. Lo realmente extraordinario, es que Igor aparcó en un descampado de Kiev y Petro llegó, solo, caminando y no demasiado dañado a Galicia unos cuatro meses después. Ya se sabe que solo los más grandes hacen las cosas más grandes...

Pero Petro es mucho más que un peregrino estratosférico. Por aquel entonces ya vivía en España. Allí encontró el amor, allí reside y allí ha encontrado su hueco. Lleva años vigilando que todos los que estén a su alrededor sean felices y eso le sale a muy pocos. Ha compartido los buenos y malos momentos de los que se han quedado sin nada, de los que realmente lo necesitan todo y lo ha hecho sin preguntarles ni "cómos" ni "por qués". Les ha escuchado, les ha aconsejado y ahora ha hecho posible que las ayudas gallegas reviertan en su Kiev natal. Cuando pasas un rato con él, cuando escuchas la profundidad de sus ojos claros y cuando te propones aprender de él, todo lo demás se detiene en un lejano segundo plano. Petro es un genio en el sentido más amplio que queráis. Prudente y comedido como pocos hombres he conocido, ha logrado que el día a día en un contexto tan duro como el que hemos venido describiendo todos estos días, tenga una luz cálida y color amable.

Repito que sin Petro, nada de esto habría pasado. Asegura que en su vida se ha sabido amoldar a cada situación, y efectivamente, le sabe buscar las partes positivas a cada adversidad (damos fe). Nos ha dicho que aprendió hace años que "hay que perderle el miedo a los miedos de cada uno" y como predica con el ejemplo, algo de razón tiene que tener. Polifacético y trabajador incansable aúna virtudes que para reunirlas de nuevo haría falta citar a un regimiento entero. Petro no es capaz de echarse en brazos de la previsible rutina. La adrenalina de quien ha visto las nubes desde arriba y los rayos de sol penetrando el agua desde abajo, se encuentra en retos titánicos como el de llevar un camión repleto de Ayuda Humanitaria por toda Europa.

Petro es de esas personas con las que siempre es aconsejable llevar la grabadora encendida y creo que la Asociación de Solidaridad San Roque enviará muchos camiones más a Ucrania porque si hace falta, Petro los cargará personalmente y si es necesario conducirá por la senda que un día hizo a pie en el sentido contrario.

Desde aquí lanzo un profundo agradecimiento al hombre que ha sabido manejarse en todas y cada una de las situaciones que se han ido sucediendo como quien conoce las respuestas de las preguntas que se le van a formular. Porque entiendo que una de las virtudes más grandes del ser humano es saber tratar al niño más indefenso y al experto más cualificado con el registro que cada uno de ellos merece en cada ocasión. Y además, poniéndole la sonrisa que solo concede la humildad, el trabajo y el hecho de tener la conciencia tranquila.

Dudo que haya más como Petro, pero si realmente existen... quiero conocerlos!

EL INTERNADO COMO OTRA FORMA DE VIDA




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Tampoco en Ucrania es necesaria una familia desestructurada o la pérdida de alguno de sus miembros parentales para que los niños crezcan en un internado. Se trata de una figura a medio camino entre las escuelas de base y los orfanatos, y como tales, presentan particularidades y semejanzas con las otras modalidades.

Entre los perfiles del alumnado se podrían diferenciar, a grandes rasgos, tres grupos de niños. Los que están internos de forma indefinida y pasan las semanas y los meses dentro de ese edificio que se ha convertido en su hogar; los que cuentan con una familia no biológica que les ha “apadrinado” y con los que pasan los fines de semana y las vacaciones; y los que simplemente acuden a diario a las clases e interactúan con el resto de internos.

Este tipo de centros presentan como principal distinción el hecho de que los fogones de las cocinas jamás descansan y que una simple pared sirve para diferenciar el ambiente íntimo del dormitorio comunitario del bullicio y la disciplina de las clases. Afincados en entornos rurales primordialmente y nutriéndose de niños de corta edad, los internados se convierten en la única forma viable de salir adelante, o por lo menos, de encaminar a estos menores a un futuro. Mientras el Estado se limita pagar la manutención de los pequeños y los ínfimos salarios del profesorado, los responsables de estos centros se ven obligados a acudir a dos vías alternativas para aliviar su pésimo estado. Por un lado, la labor inconmensurable de los padres, que colaboran directamente (realizando las reformas en los centros) o indirectamente (mediante inyecciones económicas). La otra salida es la de la petición y recepción de Ayuda Humanitaria, para la que todos los pedidos son escasos.

El Internado Veselka Gavrilivka tiene capacidad para albergar hasta 350 niños. Actualmente conviven en sus instalaciones unos 200 y su directora se ve en la obligación de rechazar nuevas peticiones de plaza porque no tiene infraestructuras ni reales ni suficientemente acondicionadas donde darles cabida. En la visita realizada por esta expedición, todos los miembros de la misma acudieron debidamente abrigados con ropa de invierno, y el vaho que emanaba de sus bocas era la mejor certificación de que es inviable que los menores puedan habitar el edificio. La escasa calefacción existente ha sido reconducida para que únicamente tenga que calentar la mitad de la edificación pero una vez más, la sensación de calidez se escurre entre las rendijas de las viejas ventanas mal selladas. De las aulas, poco que contar: que no hay ni mesas ni sillas, que los niños tienen que recibir sus clases sentados en el suelo o de pie y que los somieres de algunas camas son finas planchas de conglomerado que apenas resisten el peso de los más pequeños.

Existen, afortunadamente, otros casos, como el del Internado Especial de sordomudos número 6 de Kiev. Fue el primero de sus características. Abrió sus puertas a principios del pasado siglo y es uno de los referentes de todo el país. Aún así, todo lo concerniente a subvenciones estatales, está igualmente olvidado, aunque sea habitual que los máximos mandatarios (y mandatarias especialmente) acudan a hacerse fotos al centro.
Como mejor triunfo, contaremos que en este internado se han formado algunos campeones paralímpicos, tanto en deportes de grupo como en especialidades individuales y que incluso actualmente el combinado nacional ucraniano cuenta en sus filas con algunos de los que recibieron formación dentro de esas paredes. Por si la vertiente deportiva no fuese suficiente, nos cuentan que en nuestra visita faltan algunos niños porque están en el concurso de canto de la ciudad. Podía ser un dato sin demasiados alicientes, aunque un certamen de música interpretada por niños sordos, dicen que efectivamente, es un espectáculo digno de ser visto. Por cierto, que han ganado la primera fase y el objetivo será pasar las rondas eliminatorias para competir a nivel nacional, donde ya se han cosechado victorias en el pasado.



La visita ha sido gratificante y sobre todo nos ha instruido. Hemos abierto un poco más nuestras mentes y hemos compartido sensaciones sin necesidad, casi, de traductor. Nos despedimos de ellos, de los auténticos protagonistas, llevando nuestro puño cerrado a la frente y después apoyándolo sobre nuestra barbilla en señal de profundo agradecimiento. El lenguaje de signos, a nivel básico, es mucho más sencillo que el ucraniano hablado…

CRIMEA SE OFRECE COMO DESTINO DE ACOGIDA DE AYUDA HUMANITARIA


Fotografías: Óscar Dacosta


Roi Palmás/Kiev


Durante la estancia de AGARESO en Kiev, el jefe del departamento de Juventud y concejal de Presidencia de la República Autonómica de Crimea, Anatoly Shusterovich, se reunió con los reporteros desplazados a Ucrania y con los representantes de la Asociación Solidaridad San Roque, de Leirado, Salvaterra Miño, para ofrecer en persona un nuevo posible destino para el reparto de Ayuda Humanitaria en el futuro.

Crimea se sitúa a unos mil kilómetros de distancia de la capital ucraniana, en la franja del Mar Negro, cuenta con un pasado dorado en el turismo termal (incluso de lujo) y empieza a ser un destino a potenciar para muchos visitantes. Aún así, este representante político explicó que existen problemáticas comunes con las visibilizadas hasta el momento en el proyecto de Kiev y alrededores, aunque también cuentan con otras propias, que dificultan el día a día de los más desfavorecidos, ya que la esclavitud infantil, la “miseria total” y las deficiencias de material en centros de atención como hospitales, orfanatos o colegios están a la orden del día y “son peores” que las visitadas hasta el momento, según él mismo informó.


La República Autonómica de Crimea es independiente a un 85% del poder central de Ucrania y ofrece facilidades tanto para la recepción de Ayuda Humanitaria como para aquellos inversores o empresas que estén estudiando la posibilidad de tener presencia física y mercantil en dicho lugar. Además, Anatoly Shusterovich, invitó formalmente a las dos asociaciones que están desarrollando este proyecto en Ucrania a que vean en primera persona el estado actual en el que se encuentran sus instalaciones sociales y el contexto general de su territorio, al tiempo que esgrimió la posibilidad de realizar intercambios culturales y deportivos con jóvenes crimeanos y de otros países de Europa, como España.



miércoles, 25 de noviembre de 2009

Los príncipes de la calle


Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Las historias que a continuación se relatan son parte del pasado reciente de sus protagonistas y de hecho, hieren la sensibilidad de cualquiera que tenga corazón. Lo que les une a todos ellos es que hoy en día viven perfectamente socializados, están en el seno de una familia y sus ojos brillan porque simplemente son felices.

Hubo tiempo en el que todos ellos vivieron asustados, temerosos y al margen de la sociedad. Muchos de ellos robaban y comían o dormían cuando y donde podían. Sus personalidades se hicieron deprisa, a la defensiva. Todos ellos tardaron días, semanas en fiarse de alguien que le tendiese la mano sin necesidad de levantársela. Sus padres biológicos responden al perfil de: muertos, desaparecidos sin dar explicaciones, alcohólicos, drogadictos, proxenetas o violentos. Algunos, la inmensa mayoría, pasaron por uno o varios orfanatos donde las cosas no mejoraban y todos se vieron durmiendo al ras, sin un futuro. Esnifar pegamento, fumar o ingerir bebidas alcohólicas formaba parte de su día a día o del de sus amigos y compañeros de viajes. Los príncipes de la calle en Ucrania, bien podrían ser “Los pequeños zares de la calle”…

VLAD

Vladimir llegó a la normalidad hace tres años. Ahora tiene 9 y se puede decir que durante los seis primeros de su vida ha visto todo lo negativo que le correspondería durante toda su existencia y mucho más. Ha sido testigo de maltratos continuados, de un caso de fuerte alcoholismo en casa y hasta ha tenido que presenciar cómo su madre se prostituía. Todo eso le ha labrado una personalidad impactante para un cuerpo tan pequeño. La mirada la tiene fría, dura y desafiante. Cuando llegamos, tomó la iniciativa y no vaciló en preguntar si éramos de una inspección. Ahora es el líder. Los demás le respetan como tal y ha conseguido ser el ayudante primero de su nuevo padre adoptivo. El primer día, cuando llegó a su nuevo hogar, empleó las dos primeras horas en romper y destrozar todo lo que estuvo a su alcance. Sus notas fueron pésimas en su vuelta a la escolarización y tuvo en jaque a la familia y al claustro de profesores. Hoy en día está muy apaciguado. Saca buenas notas y no da problemas. El objetivo es que Vlad llegue a poder olvidar todo lo que ha visto con esos ojos que llegan a hipnotizar si los miras durante demasiado tiempo.




JANETTE

Janette tiene ahora 18 años, unas notas de envidia y el corazón pleno de felicidad. Su madre biológica era ucraniana. Su padre, de Mozambique, aunque murió hace años. La primera acabó en el mundo de la prostitución después de dar a luz a cinco pequeños, que fueron separados por las autoridades y repartidos por diferentes orfanatos. Lo que los unía era la sangre, el color de la piel y que todos eran tan cerrados como desconfiados con los demás. “Apenas hablaban y tenían la mirada rota”, recuerda Víktor Kulbich, uno de los artífices de que su vida haya dado un vuelco.

Para mayor sufrimiento, Edmon, uno de los cinco hermanos, murió de un tumor cerebral. Janette pasó de ser la hermana mayor, a la madre circunstancial de los demás para, ahora, de nuevo, ser una más dentro de una nueva familia. Los cuatro vástagos de aquellos dos progenitores iniciales se han vuelto a reunir, son felices y tienen cuatro hermanos más, muchos de ellos, salidos de las mismas frías calles y orfanatos ucranianos.




VERA

La tercera protagonista ya no es una niña. Vera tiene 23 años, aunque su apariencia exterior es de alguien mayor. Sentada, como la encontramos, nadie diría que estará atada a unas muletas de por vida. Cuando tenía 11 años su madre murió. Ella subsistía como mejor podía y como tantos otros niños se colaba en los trenes de mercancías para ir cambiando el área de influencia. Se creían inmortal, lejos de las ataduras de las reglas sociales. Un día, en uno de esos trenes, algo la sobresaltó. Tuvo que saltar. Lo había hecho miles de veces, aunque ese día, precisamente ese día perdió el pie derecho para siempre. Ahora ya no consume drogas, ya no está enganchada al pegamento y ya no bebe. Ahora, lo que hace es ir a la sede del Ukranian Center of Christian Cooperation para ayudar a los que ahora tienen 11 años y quieren saltar de los trenes en marcha.

Sasha y Misha, los niños que vinieron del frio


Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

La historia de Sasha y Misha es el breve relato de un espeluznante episodio que ocurrió hace casi tres años. Los dos protagonistas tenían 3 y 4 años de edad cuando un buen día, por estas fechas, su madre salió de casa. Lo que provocó que en esa fecha cambiasen para siempre las vidas de los dos protagonistas es que la mujer se fue para no volver jamás. Cerró la puerta con llave por fuera y los abandonó sin previo aviso. En casa no había calefacción, apenas había ropa o mantas con las que taparse y la comida seguía siendo realmente un bien escaso.

Pasaron los días y Sasha y Misha seguían sin explicaciones, con mucho frío y jugándose la vida encerrados entre cuatro paredes. Repito que por aquel entonces tenían 3 y 4 años de edad. Los vecinos, acabaron por acceder a la vivienda por la fuerza y se encontraron a los dos pequeños tiritando, en el suelo, acurrucados el uno contra el otro, desnutridos y con síntomas de congelación en el cuerpo. Los llevaron de urgencia al hospital y les salvaron las vidas cuando ya se habían entregado a la muerte.

Ahora Sasha y Misha, cuando te miran, ya no piensan en esos días. Nadie, absolutamente nadie, ni ellos mismos, saben decir cuánto tiempo estuvieron en esa situación límite, pero todo el mundo coincide en que si llegan a sufrir un poco más, solo un poco más, hubiese sido demasiado tarde. Hoy, los dos niños que sobrevivieron al frío de Ucrania son felices. La madre, la que se fue cerrando la puerta por fuera y dejando encerrados a sus dos vástagos sigue sin dar señales de vida, o de muerte…

lunes, 23 de noviembre de 2009

CANLE 0,7 - TV: 'El sistema hospitalario en Ucrania'



Roi Palmás/Oscar Dacosta, Kiev (Ucrania).- El sistema sanitario en Ucrania presenta un estado critico, la falta de material en los hospitales obliga a los medicos a convertirse en autenticos heroes para seguir salvando vidas.

Antonia: “Las adopciones son como una subasta, a ver quien da más para llevarselos antes”



Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Encontrar en Kiev una voz tan autorizada como la de Antonia no es tan habitual. Lo cierto es que parece un auténtico lujo oír de voz de alguien que lleva trabajando toda la vida en esto un diagnóstico social como el que ella misma nos ha brindado.

Antonia es de Zamora y es monja, dominica concretamente. Una gran parte de su vida la ha pasado en el corazón del África negra, en la República del Congo. Recuerda que le ha tocado vivir momentos buenos y otros muy delicados. Poco antes de cumplir 25 años de estancia en aquel territorio, su vida cambió, y con ella, el lugar y los destinatarios de sus acciones. “Dejar el Congo me salvó la vida porque si no salgo de allí, no lo hubiera contado”, asegura la hermana, cuando nos cuenta que tiene la malaria crónica como unos de los recuerdos de aquella etapa.

Antonia cambió el calor africano por el frío ucraniano. Su relato parece el de una gran exploradora o aventurera y lo cierto es que el espíritu lo sigue teniendo como el de una pletórica misionera a la que pocas cosas se le ponen por delante. En Kiev, donde ahora reside, ha fundado lo que llaman “la casa de los niños”. Asegura que su misión es “evangelizar y enseñar” aunque puntualiza que “nunca le preguntamos a ningún niño de qué religión es”.

Su testimonio, en efecto, sirve para conocer el estado actual del país. Cuando empezó a levantar lo que hoy en día es un centro multidisciplinar a donde acuden mayores y niños varias veces por semana para aprender español, entre otras actividades, los precios existentes estaban realmente muy asequibles. Sin embargo, fecha en 2005 el “boom inmobiliario” ucraniano. Asegura que “en muy poco tiempo los materiales de construcción subieron sus precios un 100%” y certifica que ir a la compra ahora ya no es lo que era.

Le preguntamos cómo está la juventud en el país y sobre todo, cómo viven los más pequeños. La respuesta es que “el Estado tiene a los niños muy controlados. Hay centros de acogida, centros de emergencia, orfanatos… está bien organizado e incluso la policía sabe de dónde es cada niño, aunque nos pueda parecer que no”. No obstante, también reconoce que “hay muchos que no quieren ir a estos centros. En sus familias suelen ser maltratados y huyen”.

Uno de los grandes problemas es el de la droga, en su sentido más amplio. Además del alcohol, que supone el porcentaje más elevado y más peligroso de los casos, otro tipo de sustancias están al alcance de estos príncipes de las calles. “Ucrania es distribuidor de todo” y cuando dice “todo”, es todo. A tal punto llega la crueldad de estas adicciones tempranas que lo resume advirtiendo que “muchos jóvenes nacen, crecen, se reproducen, beben y mueren”, como cierto anuncio famoso de hace años.

Para Antonia, en Ucrania “hay gente que tiene mucha fachada” aunque resalta que “la pobreza aquí es mucho más denigrante que en África, donde realmente no hay nada, pero te miran con una sonrisa”. Aquí se ponen las caretas de las grandes marcas aunque cuando se desnudan, quedan realmente en cueros.

El otro gran punto de interés de nuestra conversación es el de las adopciones. Lo describe como “algo terrible” por la “corrupción” que suele envolver estos procesos. Nos cuenta que vienen muchos europeos a buscar a niños de este país y que “realmente se ponen muchísimas trabas”. Finalmente se zanja el asunto con una afirmación categórica: “Las adopciones son como una subasta, a ver quién da más para llevárselo antes”.

"Hay grandes deficiencias en material sanitario y educativo"

Roi Palmás, Kiev (Ucrania).- Entrevista a Marisol Pino, presidenta de la asociación solidaria de San Roque en Salvaterra do Miño. En esta entrevista detalla todos los pormenores de un proyecto de Ayuda Humanitaria que partió, por segunda vez, desde Galicia con destino a Ucrania.

domingo, 22 de noviembre de 2009

'Tesoros escondidos'

Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Kiev se divide en dos: el territorio sobre la faz de la tierra y el que se mueve por sus entrañas. A decir verdad no se sabe bien cuál tiene más vida o más encanto. Las anchas avenidas del epicentro neurálgico de la ciudad aconsejan cruzar los carriles por los pasos subterráneos. Esa entrada al “inframundo”, que no es tal, invita a apurar el paso y a abrir bien los ojos. Mientras en otros metros del mundo lo habitual es ver a artistas exhibiendo sus sapiencias adquiridas con algún instrumento, aquí, en Kiev, además, hay una segunda ciudad no menos atractiva que la que sale en las postales.

Se puede encontrar de todo o por lo menos de casi todo. Comida, bebida, ropa, calzado y tabaco se reparten la atención de los transeúntes con otros artículos de primera, segunda y hasta tercera necesidad. Todo está al alcance de la mano, a unas pocas grivnas de distancia de llevártelo a casa. Hemos visto ya personas que venden pescado fresco en las entradas, seco en los bajos fondos y marisco en las escaleras. Hay plantas, flores y fruta para los vegetarianos. Fiambre y embutidos para los que gusten de los típicos ahumados. Hay recuerdos, hay prensa y hay pósters de futbolistas famosos.

El bullicio es el propio de las paredes que separan las vías ferroviarias de corta distancia de la superficie. Lo mismo puedes cruzar la ciudad y acabar volando sobre raíles, encima del río, que toparte de bruces con los graffitis de los artistas locales. Todo se compra y todo se vende, hasta las perchas de los armarios y las mascotas. Por haber, hay hasta un centro comercial subterráneo que ya le gustaría a muchos de los que cuentan con iluminación natural. Por todo ello se puede decir que el Kiev profundo no está en los barrios periféricos, está en el metro, aunque no hay plano para turistas.

Como contraposición sirva todo el entramado que en la capital ucraniana se orquesta alrededor de las ferias. Ahí es donde te puedes encontrar con inventos, con soluciones y con reliquias por poco dinero. La policía de tráfico vigila sin descanso que no haya transporte no regulado de personas y mercancías rumbo a los centros de venta. En estos lugares se mercadea con casi todo. Con libros, con máquinas, con menaje y con textil, pero también con los recuerdos de otros tiempos. No es raro ver a veteranos de la guerra cambiar sus pertenencias de aquellos tiempos por la curiosidad de los que se convierten en sus nuevos dueños con solo unos billetes de por medio, que al cambio serían monedas y para eso pocas.

El tercer vértice del triángulo es toda esa gente que opta por ganar un sobresueldo vendiendo parte de sus cosechas. Instaladas a pie de carretera, en plena autovía, aparecen solitarias las carretillas y las cestas plagadas de coloridas frutas. Si las quieres no tienes más que echarte a un lado, detener el coche y hacer sonar el claxon. El vendedor saldrá de su casa y negociará contigo antes de cargártelo en el maletero.

El que quiera comprar, ya sabe lo que tiene que hacer. El cartel de “se vende” está colgado de cada puesto. El problema es que para muchos, el único cartel que cuenta es el de “no hay billetes”.

Con los píes en el (frio) suelo


FOTONOTICIA

Fotografias: Oscar Dacosta

Roi Palmas/Kiev

Un monumento señala en el centro de Kiev el kilómetro cero de la ciudad. Alrededor de ese punto se señalan todas las distancias en línea recta al resto de capitales del planeta. Es el corazón del país, está rodeado de facultades, de grandes hoteles de cinco estrellas y de amplias avenidas. A unos pocos metros de este monumento está el protagonista de esta historia, bebiendo un poco de té para intentar entrar en calor en otro día frío. Él también está a miles de kilómetros de distancia de muchos de los que visitan el epicentro de Kiev.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Ucrania, ese país de contrastes

Aunque a mucha gente en la mal llamada “Europa Occidental” le cuesta situar a Ucrania sobre un mapa, lo cierto es que se presenta como un descubrimiento apasionante. Tras varios dias de estancia en el pais, la expedicion de Agareso esta en condiciones de argumentar que esta es una tierra marcada por la historia y por los contrastes que se pueden ir descubriendo a medida que pasan las jornadas.

Quizas se pueda tener una imagen distorsionada de lo que ocurre en las calles de la capital. Kiev es un enclave plagado de referencias religiosas. Abundan los espectaculares templos ortodoxos. El respeto a las creencias es maximo a todos los niveles pero al final la convivencia entre doctrinas es un hecho. Sin embargo, tambien es igual de cierto que la ciudad cuenta con arterias asfaltadas dignas de una ciudad de 5 millones de habitantes o mas pero son estas mismas vias las que hacen mas incomprensible el estado de otras muchas carreteras secundarias plagadas de badenes, agujeros y piscinas naturales diseñadas por la lluvia. Los grandes coches, los de las marcas mas exclusivas, aparcan en las plazas contiguas de viejas maquinas de hace medio siglo, abolladas y con la pintura casi diluida por el paso del tiempo. Hay ricos que son realmente muy ricos y pobres que ocupan el otro extremo de la balanza. El rural y lo urbano chocan violenta y frontalmente, aunque no haya seguro a todo riesgo que se haga cargo de los damnificados.

En los alrededores de la ciudad existen casas y propiedades sobre grandes lagos donde los vecinos pescan sus propias carpas para cenar. Unos pocos kilometros mas adelante las fincas se funden con el horizonte hasta donde la vista no puede llegar. Sobra terreno para todos y la falta maquinaria, que unos pocos se empeñan esconder o destrozar. Son los mismos que se han hecho ricos sin haber dado palo al agua, al mas puro estilo de los perros de los hortelanos. Sobra pobreza y falta industria… es el contraste mas crudo.

Los salarios de los grandes profesionales parecen infimos al cambio de otras monedas por ser alrededor de una decima parte de los que conocemos como “base”. Sin embargo, alquilar un piso en la ciudad, aunque no tenga vistas al rio, se escapa de las posibilidades economicas de casi todos. Quitando el verano, que es cuando los visitantes extranjeros aprovechan para empezar a descubrir la ciudad, el frio invierno a muchos grados bajo cero se presenta con la firme intencion de aletargar a todo el que intente darle la vuelta a la tortilla. Y mientras, los alquileres convierten el vivir en un lujo, el pasado recuerda que no hace tantos años, cuando se estaba bajo otra bandera, el poder repartнa casas para los ciudadanos.

El pais se debate ahora entre los que hablan ruso y los que prefieren la lengua ucraniana. Son punteros en la industria quimica ligada al mundo de la agricultura pero han perdido de golpe su presencia en el panorama internacional de las factorias pesadas. Hasta ahora hemos visto caros abrigos de piel hasta los pies y otros que ya han pasado por muchas manos y muchas vidas.

Hemos visto bodas con novias equipadas con chal de invierno e invitadas con sandalias y medias finas pisando charcos sin inmutarse, tambien jardines abandonados, equipados como auténticos desguaces o vertederos, alejados de los grandes muros de piedra de las casas que no se ven desde la carretera. Pero si algo nos ha dado que pensar ha sido el mundo de las escuelas. Las hemos visitado muy humildes y las hemos visitado muy exclusivas, de las que ya tienen la matricula cerrada hasta 2011. Para que no haya enfados, no diremos las localizaciones ni de unas ni de otras pero lo que si que es cierto es que en la de 1.965 metros cuadrados, en la que hay camas de cuentos de hada, salas de juegos con modernos modelos para niсos y niсas y hasta un acuario con peces de colores como divertimento, la vida se entiende de un modo cuando menos diferente a cуmo se puede llegar a explicar en otras en las que sigue habiendo huecos donde se hace fuego para poder dormir encima caliente.

Por ultimo reflexionar en voz alta sobre un episodio de la historia que aqui sigue siendo clave. No nos referimos solo a los tanques reales que decoran las entradas de algunos pueblos y ciudades. El dato clave es que cada 8 de mayo los veteranos nazis se congregan por estas tierras para rendir tributo a su memoria. Al dнa siguiente, el 9 de mayo, lo hacen los veteranos ucranianos para celebrar la victoria en la Segunda Guerra Mundial ante los mismos iconos militares que recuerdan la ultima cita belica con mauъsculas entre las principales potencias internacionales. Ucrania es un paнs de tales contrastes que permite que unos y otros se manifiesten por sentimientos encontrados y que se vea como algo normal.

Valentina: “En el hospital hacen todo lo que pueden, el problema es politico”


Fotografias: Oscar Dacosta

Roi Palmas/Kiev

En el corazon de la planta de neurologia, en una habitacion con humedades, con la pintura desconchada y con la certeza de que no hay mas cera que la que arde, nos encontramos a Valentina. Pronto conectamos. Valentina es ucraniana, como toda su familia pero acaba de regresar urgentemente a su pais porque su madre, de 74 años, se ha puesto enferma. Lleva 14 dias en un centro hospitalario de Kagarlic y no sabe cuanto tiempo mas tendra que seguir en estas condiciones.

Valentina acaba de aterrizar procedente de la otra esquina de Europa. Viene de Estoril, en Portugal, donde lleva tiempo trabajando. Habla perfectamente la lengua lusa y tanto por la comprension idiomatica como por la historia, nos sentimos irremediablemente atraidos por ella y por su madre.

Dice que “todo lo que gano lo estoy invirtiendo en cuidar a mama”. Las condiciones en las que esta su progenitora son desesperantes. La hija tiene que “comprar todas las medicinas. El jarabe lo he traido desde Portugal y el resto de la medicacion se tiene que obtener en las farmacias”. Este gasto asciende a “unos 80 euros diarios”, una cifra desorbitante cuando se sabe que es mas del sueldo mensual de muchisimos ucranianos que desempeñan buenos puestos de trabajo y que tienen titulaciones universitarias a sus espaldas.

Cuando todo el mundo pudiera pensar que Valentina descargaria sus quejas sobre la direccion y los medicos del hospital, nos indica que “el trato es exquisito. Aqui hacen todo lo que pueden, todo lo que esta en su mano y mas, pero el problema es politico. El sistema esta realmente mal”. Nos cuenta que su madre, que sostiene la mirada perdida, entre ruborizada y hastiada por esta obligada estancia hospitalaria, “trabajo durante 45 años en la agricultura pagando puntualmente su seguro social”. En ese momento es cuando nos espeta una de esas preguntas para las que todavia no hemos encontrado respuesta: “?Y por que mi madre, despues de toda una vida trabajando, tiene que estar asi, comprando hasta la ultima jeringuilla que le hace falta…?

Sonidos de la Ucrania profunda

Relato del paisaje social de la Ucrania más profunda donde el deficiente estado de la necesidades básicas de la población civil son otra remora de la historia contempornea y de una práctica política alejada de las realidades centrales en el país. Roi Palmás aporta algunos sonidos de Ucrania profunda para AG Radio.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Sentido de agradecimiento a la labor humanitaria de la expedición



Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

En la recta final de la parada técnica en la Educación a que ha obligado el miedo a la gripe A, la escuela de enseñanza básica de Mirivka, situada en la provincia de Kagarlic, acogió el acto institucional de entrega de obsequios con los que tanto la dirección del colegio como el resto de la comunidad quisieron agradecer la labor humanitaria que se está llevando a cabo desde Galicia.

Svetlana Mukovoz, la subdirectora y jefa de estudios del centro, hizo entrega de diferentes regalos a los representantes de Agareso, de la Asociación de Solidaridad San Roque y también enviaron un especial recuerdo y unos presentes a la Diputación de Pontevedra, como agradecimiento a la recepción de la ayuda enviada a través de esta expedición.

En el acto, en el que se ofrendaron las confecciones típicas del país (RUSHNIK) bordadas por los alumnos de este colegio, estuvieron presentes las máximas autoridades locales y se celebró una comida por todo lo alto para refrendar el agradecimiento mutuo de las dos partes inmersas en este proyecto común.

Además se han empezado a asentar las bases de futuras colaboraciones entre el colectivo de Leirado y esta comunidad rural, centradas en gestionar nuevas aportaciones de material humanitario pero también poniendo sobre la mesa un más que factible intercambio cultural entre Ucrania y Galicia en el futuro, aprovechando el alto potencial que tienen los alumnos de esta región en el campo del baile tradicional, que entronca directamente con otras manifestaciones artísticas similares en la provincia de Pontevedra.

Vladimir el poeta

Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev


Vladimir es poeta. Tiene 28 años y escribe sobre su madre y su familia pero también sobre la vida y sobre el tiempo. Reconoce que le ruboriza un poco hablar sobre esta faceta pero nos dicen que realmente lo hace muy bien. Vive en una pequeña casa de un barrio cualquiera. Realmente no importan demasiado las coordenadas geográficas porque a “Vova” su espacio le queda pequeño. Su mente está mucho más allá, corre mucho más rápido que la de su entorno y lo único que le frena es precisamente estar tan aislado.

Es el alma de su casa y también de su familia. Sus padres son ya bastante mayores. Le han visto crecer y hacerse un hombre. Lo que más desea ahora mismo es un ordenador. Su intelecto le hace merecedor de una de esas grandes computadoras que mueven el mundo pero advierte que con un viejo y simple modelo es más que suficiente. Prefiere “abrir esa ventana al mundo de ahí fuera” a arreglar otras cosas, quizás más urgentes. Sus problemas en el riñón, por ejemplo, son uno de los gastos más elevados de la familia. Lleva años dependiendo de medicación y las piedras que lleva dentro parecen pesarle como losas en su intento de huída hacia el progreso.

Vladimir se ha empeñado en desmontar mitos. Dice que siempre tiene las piernas frías aunque le desborda el fuego en los ojos. Cuando te mira, te estudia y cuando te tiene estudiado ya te ha ganado. “Vova” va en silla de ruedas, vive en un rincón rural del corazón de una pequeña aldea, sufre parálisis cerebral desde que nació y sus órganos internos están dañados. Pero no importa, porque “Vova” es feliz, es un genio y además, es poeta…


Ganna, el vademecum de Mirivka




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Si hay alguien que no puede sucumbir ante la enfermedad, esa es Ganna. La señora Misnik es probablemente una de las piezas claves para el entramado social de Mirivka, una de las partes importantes de la provincia de Kagarlic. Se trata de la última y por lo tanto, la única doctora de la zona.

El modesto ambulatorio que lidera es el de centro de referencia para 2.200 personas de cinco aldeas diferentes. Aparcar en la puerta de este “complejo” hospitalario es entender que las quejas más repetidas en el entorno sanitario de otras latitudes se quedan simplemente huecas de significado a este lado de Europa. La sensación térmica en el exterior es realmente adversa. Ganna sale del edificio con un acentuado sombrero porque incluso dentro se deja notar el frío.

Nos cuenta que hubo un tiempo en el que su centro de salud tenía el doble de superficie y que la construcción que sigue en pie al otro lado del camino actuaba como complemento asistencial. Sin embargo, el hecho de que cada vez nazcan menos niños (mientras hace 10 años se contabilizaban una treintena de alumbramientos, ahora esa tasa no supera los cinco) y que las dificultades económicas se hayan ido acentuando marcadamente, han provocado que las luces y la actividad se vaya apagando poquito a poco.

Lo que quizás más nos llama la atención es la furgoneta que hace las funciones de ambulancia. La unidad móvil asistencial con la que cuenta este centro es un modelo de hace cuatro décadas. Donde en otros lugares existe un completo quirófano medicalizado portátil, aquí, en Mirivka, hay dos asientos, un banco de madera y una camilla de tela que recuerda más a la Segunda Guerra Mundial y a los hospitales de campaña que al vehículo de urgencias. Además, sobre el ondulado y abollado suelo de metal donde deben ir los enfermos y las parturientas, se arremolinan aperos de labranza y rastrillos oxidados, lo que sin duda no invita precisamente a ponerse enfermo. Con una sonrisa de resignación nos dicen que en caso de un traslado de urgencia, este puesto base cubre zonas alejadas de hasta 45 kilómetros de distancia del hospital central. La siguiente pregunta es ¿a qué velocidad puede conducir esta ambulancia? y la respuesta es, precisamente, “a unos 45 ó 50 kilómetros a la hora”. Esto quiere decir que, en el mejor de los casos, un paciente de urgencia tardaría sesenta minutos en llegar a destino, tiempo más que suficiente como para perecer en el intento o para dar a luz por el camino. Si a ello sumamos el estado de las carreteras, zurzidas de baches y charcos embarrados, el resultado es todavía más desalentador.

Pero el territorio y el milagro diario de Ganna no acaba ahí. Su ambulatorio no tiene agua corriente. De hecho hay que salir al exterior para subirla a mano de un pozo cercano. Es la vara ideal para poder medir el estado general del contexto. La doctora, la que mejor conoce a sus vecinos por dentro y por fuera, trabaja en medio edificio. La otra mitad ha sido cerrada con una falsa pared para que la calefacción existente se concentre en la mitad de metros cuadrados, ya que las facturas eran inasumibles. De todos modos pedimos visitar la otra parte, la desangelada, y efectivamente la atmósfera es tan gélida como imaginábamos.

El resto del mobiliario lo conforman plásticos en las ventanas para combatir el invierno, butacas similares a las de un viejo cine desmantelado para las esperas y un invento casero a base de chatarra para calentar los grandes radiadores de las estancias: Un cable metálico enchufado a la corriente sumergido en un caldero con agua. Así se trabaja o mejor dicho, así se tiene que trabajar.

Pero a pesar de todo, la dignidad que le imprime Ganna es más que suficiente como para estar orgullosa. Cuenta con su laboratorio, con su zona de fiosioterapia, su dispensario farmacéutico y su zona infantil. Además puede albergar a pacientes, aunque solo de día. Es por eso que la doctora Misnik es la especialista, la psicóloga, la curandera y la druida de toda la comunidad. Es el alma máter y también el Vademécum que nunca se puede poner enferma.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Jornada de puertas cerradas


Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Lo de menos estos días es el nombre de la escuela. Lo que cuenta es que no hay niños. Donde siempre retumbó el ruido de la sangre joven, hoy hay un incómodo silencio que acrecienta la sensación de frío que ya se ha metido en los huesos. Nos acercamos sigilosamente y en una vieja placa descolorida por el paso de los años se puede leer que nos servirá como ejemplo la escuela de la aldea de Nebelitza.

Un candado cuelga del centro de la puerta. En el estrecho zaguán, a la derecha, una bicicleta a la que le han ido remendando todas sus partes y de frente, un aula cerrada. La gripe, o mejor dicho la amenaza de una gripe masiva, obliga al centro educativo a presentarse con un halo fantasmagórico. Al fondo del pasillo encontramos la mirada clavada de una señora de unos setenta años que busca respuestas. Nos identificamos y nos abre las puertas. Lo primero que reclama nuestra atención no es la decoración. El suelo de la clase está en pendiente. Difícil precisar la inclinación pero recuerda a las aulas magnas de las universidades, aunque sin púlpitos ni tarimas. Las ventanas originales se han ido carcomiendo y en una de las fachadas lucen algunos plásticos que intentan que no se fugue el calor de la calefacción.

Las mesas empleadas viven en esta escuela una segunda juventud. Las tomas de corriente descubren que antes fueron superficies de trabajo en alguna fábrica pero con los retoques necesarios se han convertido en pupitres. Si no fuera porque el encerado está tan usado que ya casi no se puede escribir encima, podría llegar a pasar desapercibido.

A la señora del principio, nuestra guía, se han ido uniendo algunas más de su quinta. Señoras muy mayores que resultan ser el claustro del profesorado. La perplejidad de nuestras caras revela que no entendemos cómo ellas están al frente de la educación del ucraniano medio del mañana, sobre todo cuando nos certifican que ya están jubiladas. “Lo hacemos por los niños, porque si no damos clase nosotras, no las dará nadie”. Espeluznante, porque el día que ellas no puedan (no tan lejano), todas las miradas se posarán sobre los padres para ver si alguno de ellos se atreve con la responsabilidad de formar a los estudiantes en la materia de la vida.

Seguimos con el recorrido y paseamos por las clases desiertas. Imaginamos a niños de diferentes edades recibiendo las nociones más básicas. El “salón de usos múltiples” y el gimnasio están instalados en el patio, al aire libre, rodeado de casas abandonadas donde lo único que se mueve es el frío viento que azota con ira las tejas.

Preguntamos por el cuarto de baño que no habíamos visto aún y nos señalan que a lo lejos, en la caseta del fondo, lo podremos encontrar. Para llegar hasta él hay que rodear el colegio, cruzar un camino y abrir una puerta. Cien pasos de adulto contados uno a uno para llegar a dos pequeños zulos. Uno de ellos con un agujero, el contiguo tiene dos. La sorpresa inicial nos remonta a siglos atrás. La imaginación recrea mentalmente escenas cotidianas donde la intimidad hace tiempo que no tiene cabida. Pero de pronto nos avisan. Ese mísero lugar ha pasado de ser nauseabundo a convertirse en un auténtico lujo en décimas de segundo. Y es que en la parte trasera de esta endeble construcción se erige la parte reservada a los alumnos. Si los profesores tenían uno y dos agujeros donde encontrar desahogo, los niños y las niñas escolarizados se tienen que contentar con media docena de hoyos excavados en el suelo en una habitación común. Desconocemos todavía lo profundo de la cavidad pero seguimos echando en falta la existencia de agua y de cisterna.

La cara y la cruz de la vida




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Tamara Luva tiene dos hijos. Vive en una zona donde no llegan los ecos de los grandes coches que transitan las principales avenidas de Kiev. Los problemas que ocupan su cabeza se centran en dar estabilidad a su atípica familia. Junto a ella y a su prole, viven tres pequeños más. Realmente no es su tía carnal, aunque ahora mismo tiene los galones suficientes como para considerarse la madre de todos ellos.

Los padres biológicos de los niños murieron hace años. Vivían todos juntos en otra ciudad y la muerte destrozó literalmente su tranquilidad y sus vidas como quien agita un pelele sin compasión. En casos similares el perfil de estos menores les condenaría a buscarse la vida en la calle a temperaturas bajo cero o a acceder, en el mejor de los casos, a un orfanato. Pero Misha, Alejandro, Vladimir, Igor y Elena son ahora una familia feliz, a pesar de todas las adversidades.

El mayor tiene 18 años y el más pequeño, la mitad. La habitación es amplia, equipada con literas, no hace frío y lo cierto es que se les ve creciendo sanos y fuertes. Lo que ocurre es que las cosas no han sido siempre así. Cuando llegaron no había nada. Los niños estaban literalmente traumatizados con la desaparición de sus padres. Su vida se agitaba y no había lugar a demasiadas explicaciones. Uno de ellos tiene distrofia y coger el ritmo del resto de compañeros en clase fue, cuando menos, complicado para todos.

Sus mayores necesidades se han centrado desde que son una unidad familiar en ir acondicionando una casa vieja que en el patio exterior cuenta con dos pequeñas construcciones similares. La más cercana al hogar es un granero para almacenar reservas de comida. La otra, situada en la otra punta de la propiedad, es el cuarto de baño. La única diferencia entre ambas es un pequeño hueco abierto de ventilación en la pared. “Todos los gastos se nos van en los arreglos de la vivienda y no queda nada para comprar ropa y calzado”. El duro y famoso invierno ucraniano está a punto de llegar y se avecinan meses complicados. Aún así, hasta Nora, la peluda mascota que juguetea con ellos en la habitación, ha asimilado el lema que la matriarca ha inculcado a este hogar. “Estamos todos vivos, tenemos salud y por eso damos gracias a Dios”.

A pocos kilómetros de este hogar que crece hay otra realidad bien distinta. Hasta 14 personas conviven repartidas en 3 habitaciones. Los malabarismos aritméticos para encontrar una combinación lógica son inútiles, sobre todo, cuando hay una embarazada en la familia. Pronto serán una quincena de bocas que alimentar. La entrada de la humilde casa hace las funciones de despensa y trastero. No hay agua caliente y el único cuarto de baño de la casa nunca es suficiente. A la hora de pedir que prioricen sus necesidades –algo realmente complicado– se ruborizan y dicen que lo más urgente serían literas y una mesa para que los niños puedan hacer sus deberes. Lo de renovar el sofá que ha dado cobijo durante cientos de noches a los inquilinos de la casa queda para una mejor ocasión y con él, las necesidades de los adultos. “Lo primero siempre son los niños…”

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Cuando la necesidad aprieta de verdad




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Una mañana cualquiera de la recta final del otoño en Ucrania. El centro de Kiev está alejado, se trata de un barrio obrero y humilde. Nos bajamos del coche y aparcamos en la entrada de un edificio construido a finales de los años sesenta. Nos invitan a pasar y unos nudillos golpean la puerta. Abre un varón de mediana edad, corpulento y distraído. Desde la puerta atiende a la comitiva que viene a visitarle. Al frente, la asistenta social. Tras ella, miembros de Agareso, de la Asociación Solidaridad San Roque y representantes del gobierno provincial de Kiev.

Pronto nos adentramos en el interior de la vivienda y descubrimos que en apenas 50 metros cuadrados conviven hasta 11 personas, de las que 9 son menores de edad. Juguetes por el suelo, armarios con ropa de todas las edades, un gato que duerme impasible y alfombras colgadas de las paredes como decoración. Todo ello con un entendible olor a resignación en el ambiente que contagia a cualquiera. La heroína de esta historia es Vera Vidna, una señora marcada por la crueldad de la vida y que hace frente al día a día desde su silla de ruedas. Lleva así desde el 2000, aunque no fue hasta dos años después cuando sufrió el primer infarto. Impedida de las piernas y de un brazo, soporta sobre sus hombros el peso de una casa, una familia numerosa y un hogar como tantos otros de Ucrania. Por si fuera poco, su apellido, “Vidna” significa en ucraniano “pobre”.

Vera comparte las pinceladas de su drama personal. No puede ir a rehabilitación porque “no tengo ni coche para trasladarme ni dinero para pagarla”. Cuando empezó su calvario estaba trabajando. De aquello han transcurrido ya muchos años en los que su pensión ha quedado reducida a 550 “grimmas” (unos 47 euros) con los que llegar a fin de mes con la casa llena de niños es, obviamente, una victoria diaria.

Desde que cayó postrada en su inseparable silla de ruedas (que pide a gritos ser renovada), pocas alegrías le ha dado la vida: el nacimiento de alguno de los pequeños y la ayuda de vecinos y amigos, que construyeron una pequeña rampa de acceso al edificio para que Vera pueda salir a respirar. Sigue con el tratamiento de tranquilizantes y confiesa que lo sobrelleva como puede. Eso sí, lo reducido de su casa convierte cada giro en el umbral de las puertas en una operación de riesgo, y no digamos cada visita al cuarto de baño.

Cuando la expedición de Agareso y la asociación Solidaridad San Roque partieron de Galicia, sabíamos que una silla de ruedas iría para la señora Vidna. Una vez allí, Marisol Pino, la presidenta del colectivo de Leirado, esgrimio la posibilidad de organizar una recolecta de dinero con el fin de adquirir una lavadora e instalársela en casa. Y es que Vera sigue lavando a mano para los once de la casa…

El pánico a la pandemia gripal, elevado a la enésima potencia




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Todo lo que se ha hablado, escrito y oído sobre el virus de la gripe N1-H1 (la conocida como Gripe A) en España es algo irrisorio con lo que acontece en el día a día de Ucrania en relación a este asunto. El país está literalmente tomado por las medidas de seguridad -que a veces parecen extremas- para combatir este problema que no se ve pero que se palpa en el ambiente, aunque no haya mutado al estado de plaga. Mientras en el contexto español se están viviendo los primeros compases de una vacunación preventiva en bloque, la ciudadanía ucraniana pasa sus días pendiente de extremar las condiciones de higiene y limpieza para no dejar paso a posibles contagios. A tal punto ha llegado la situación que el Gobierno central ha ordenado el cierre de todas las escuelas por espacio de tres semanas. Ese plazo finaliza dentro de unos días y mientras tanto, los más pequeños han visto interrumpida de la noche a la mañana su formación académica, aunque lo que más preocupa es que nadie puede asegurar que este plazo no se prolongue durante tres semanas más, en principio.

Así, con las aulas vacías y con la práctica totalidad del sector servicios que trabaja de cara al público obligado a portar mascarillas protectoras, se levanta y se acuesta el país. Por la televisión se ven imágenes de extranjeros y nativos que las portan. En las iglesias, en el metro, en los supermercados o en los aviones, se puede ver esa imagen ya normalizada aunque sin duda fuera de lo normal si se analizan detenidamente los indicios y los casos reales de la enfermedad. Sin embargo, basta con hacer una rápida encuesta entre la población de a pie para confirmar que este problema de la gripe A, y lógicamente, el miedo que se ha instalado desde el poder a un contagio masivo, no preocupa como podría parecer a la mayoría de los ucranianos. De hecho, los habitantes acostumbran a entender todo este proceso como algo inducido por los grandes actores económicos (véase empresas farmacéuticas o intermediaros que venden no sólo medicamentos, sino productos que convencionalmente ayudan a minimizar los síntomas de estos procesos como el limón, los ajos o la miel, que han multiplicado su precio varias veces desde que estalló el pánico y que junto con las propias mascarillas se han convertido en bienes de primerísima necesidad).

Y sobre todo, este panorama sobrevuela una única idea con dos vertientes: que en 2010 se convocarán elecciones generales y que la clase política parece ser la más preocupada por combatir este virus, tanto de puertas para adentro del país, como de cara al exterior, a quien se le está transmitiendo una imagen de concienciación social que precisamente en el corazón de la ciudad sigue sin cuajar tan profundamente como desearían los mandatarios.