viernes, 27 de noviembre de 2009

HASTA LA PRÓXIMA...

Nos vamos de Ucrania tal y como vinimos. Sin hacer mucho ruido y sin tampoco querer hacerlo. Otra vez la oscuridad de un país que apaga sus luces naturales quizás demasiado temprano y las enciende a las primeras de cambio nos acompaña en el trayecto al aeropuerto.

Han sido jornadas realmente intensas, que han superado con creces cada una de las expectativas que habíamos colocado cuidadosamente en el fondo de nuestras maletas. Llevamos un par de días haciendo sonar las palmadas de la amistad en las espaldas de nuestros nuevos compañeros y besando por triplicado las mejillas de aquellas que no han dudado en poner todos sus recursos al servicio de la cooperación internacional.

Que un reportero se quede sin palabras alguna vez, es un buen síntoma porque significa que lo que ha visto, lo que ha oído y lo que ha sentido, le ha dejado huella. Que se quede sin ellas con cierta frecuencia, descubre que esta país tiene algo que lo hace diferente.

Nos han dejado las puertas abiertas de par en par y se han quedado en sus umbrales para despedirnos. El escaso vocabulario aprendido hasta el momento impide que podamos expresar con detalle todo lo que nos invade el corazón y lo que casi nos enjuaga la vista, pero es precisamente en esos casos cuando las miradas con nuestros nuevos amigos de siempre y para siempre, hacen el resto.

Nos hemos reído, nos hemos dejado impactar irremediablemente por que veíamos, hemos aprendido a establecer una nueva escala de valores en lo cotidiano y también en lo menos habitual y sobre todo, hemos descubierto que Ucrania está tan lejos y tan insultantemente cerca que quizás lo que allí ocurre nos debería preocupar más de lo que lo hace.

¿Quién sabe si dentro de poco o mucho tiempo volveremos a poner rumbo a Kiev o a otro punto más o menos cercano? Lo que sí se puede asegurar ya es que los que hemos tenido la fortuna de estar allí, ya somos, a nuestra manera, un poquito más ucranianos.

Personalmente no hay ni un solo “pero” a nada. Los compañeros de proyecto, tanto de AGARESO como de la Asociación Solidaridad San Roque, merecen un reconocimiento sincero y profundo, porque si ellos no se hubieran volcado por completo, este trabajo jamás hubiera salido adelante. Conviene además dejar claro que una acción humanitaria como esta, la de unir Galicia con Ucrania para repartir Ayuda Humanitaria en persona, vale infinitamente más de lo que cuesta. Gracias y “spashiva” a todos los que lo han hecho posible, porque sin ellos habría sido inviable.

Este último post del blog de AGARESO nace sobre una servilleta del avión rumbo a Madrid, sobrevolando Centroeuropa y acabará en Internet, donde no quedan ya muchas fronteras en pie y donde estas líneas se pueden consultar desde cualquier punto, también desde Ucrania. En la fila de asientos siguiente a la nuestra hay una niña ucraniana que viaja a España por primera vez para empezar una nueva vida. Había sido abandonada tres veces en su país de nacimiento y ahora se le ve feliz y a sus padres mucho más. Se cierra por tanto el círculo. Todo lo que hemos contado sobre los niños de la calle, los orfanatos y los internados se completa con este desenlace, que a veces, otorga nuevas oportunidades a quienes realmente lo merecen y a quienes realmente lo han luchado durante años.
Finalmente es justo reconocer que estas son las razones que enaltecen esta pasión de “juntar palabras para relatar historias”. Ha sido un verdadero placer llevarlo a cabo, sabiendo que siempre ha habido gente al otro lado, ya que sin ellos, sin vosotros, hubiese sido un trabajo en vano.

Muchísimas gracias a todos.

PETRO, EL GENIO PRUDENTE Y COMEDIDO




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi/Kiev

Todos estos días en Ucraina (que es como se debe de decir) no hubiesen sido viables sin Petro. Él es, sin lugar a ningún tipo de dudas, el "alma pater" de todo esto y además de ser nuestro guía, nuestro profesor, nuestro representante y nuestro traductor, se ha convertido en nuestro AMIGO con mayúsculas.

Petro sabe que se ha convertido en Pedro. Un sutil cambio para explicar que sus raíces ucranianas han entroncado a la perfección con la forma de vivir en España y en Leirado. Hace un par de semanas, antes de partir rumbo a su país de origen, se le veía nervioso. Sabíamos que había puesto muchas ilusiones en todo este proyecto y como es hombre de tener todo bien atado, las jornadas previas se hicieron intensas. Muchas llamadas y correos entre España y Kiev se registraron desde su móvil y su ordenador. Todo, para que las cosas hayan podido salir así de bien.

La historia de Petro no cabe en este post. De hecho, no cabe en todo este blog, pero hemos acordado que se merece un lugar destacado en él y por eso lo hemos dejado para el final. La guinda de toda tarta que se precie es siempre el bien más admirado y, valga la similitud, Petro es el que más sonrisas nos ha arrancado y al que más favores le debemos todos nosotros.

Por descifrar solo la punta del iceberg que lleva dentro, diremos que es un hombre experimentado en la vida. Nos ha enseñado donde nació, donde permanecen sus huellas de cuando solo era un crío, donde estudió y también donde hizo una de esas hazañas para las que no hay medallas (y en caso de que las inventasen, jamás podrían condecorar sufucientemente al que las porta). Nos referimos al día que hace unos cuatro años se despidió de su buen amigo Igor en un descampado como el que se despide después de unas largas vacaciones en el pueblo de los amigos de la infancia. Una mochila con las cosas realmente más básicas y un largo proyecto por delante: hacer el camino de Santiago. Nada raro, sobre todo ahora. Lo realmente extraordinario, es que Igor aparcó en un descampado de Kiev y Petro llegó, solo, caminando y no demasiado dañado a Galicia unos cuatro meses después. Ya se sabe que solo los más grandes hacen las cosas más grandes...

Pero Petro es mucho más que un peregrino estratosférico. Por aquel entonces ya vivía en España. Allí encontró el amor, allí reside y allí ha encontrado su hueco. Lleva años vigilando que todos los que estén a su alrededor sean felices y eso le sale a muy pocos. Ha compartido los buenos y malos momentos de los que se han quedado sin nada, de los que realmente lo necesitan todo y lo ha hecho sin preguntarles ni "cómos" ni "por qués". Les ha escuchado, les ha aconsejado y ahora ha hecho posible que las ayudas gallegas reviertan en su Kiev natal. Cuando pasas un rato con él, cuando escuchas la profundidad de sus ojos claros y cuando te propones aprender de él, todo lo demás se detiene en un lejano segundo plano. Petro es un genio en el sentido más amplio que queráis. Prudente y comedido como pocos hombres he conocido, ha logrado que el día a día en un contexto tan duro como el que hemos venido describiendo todos estos días, tenga una luz cálida y color amable.

Repito que sin Petro, nada de esto habría pasado. Asegura que en su vida se ha sabido amoldar a cada situación, y efectivamente, le sabe buscar las partes positivas a cada adversidad (damos fe). Nos ha dicho que aprendió hace años que "hay que perderle el miedo a los miedos de cada uno" y como predica con el ejemplo, algo de razón tiene que tener. Polifacético y trabajador incansable aúna virtudes que para reunirlas de nuevo haría falta citar a un regimiento entero. Petro no es capaz de echarse en brazos de la previsible rutina. La adrenalina de quien ha visto las nubes desde arriba y los rayos de sol penetrando el agua desde abajo, se encuentra en retos titánicos como el de llevar un camión repleto de Ayuda Humanitaria por toda Europa.

Petro es de esas personas con las que siempre es aconsejable llevar la grabadora encendida y creo que la Asociación de Solidaridad San Roque enviará muchos camiones más a Ucrania porque si hace falta, Petro los cargará personalmente y si es necesario conducirá por la senda que un día hizo a pie en el sentido contrario.

Desde aquí lanzo un profundo agradecimiento al hombre que ha sabido manejarse en todas y cada una de las situaciones que se han ido sucediendo como quien conoce las respuestas de las preguntas que se le van a formular. Porque entiendo que una de las virtudes más grandes del ser humano es saber tratar al niño más indefenso y al experto más cualificado con el registro que cada uno de ellos merece en cada ocasión. Y además, poniéndole la sonrisa que solo concede la humildad, el trabajo y el hecho de tener la conciencia tranquila.

Dudo que haya más como Petro, pero si realmente existen... quiero conocerlos!

EL INTERNADO COMO OTRA FORMA DE VIDA




Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Tampoco en Ucrania es necesaria una familia desestructurada o la pérdida de alguno de sus miembros parentales para que los niños crezcan en un internado. Se trata de una figura a medio camino entre las escuelas de base y los orfanatos, y como tales, presentan particularidades y semejanzas con las otras modalidades.

Entre los perfiles del alumnado se podrían diferenciar, a grandes rasgos, tres grupos de niños. Los que están internos de forma indefinida y pasan las semanas y los meses dentro de ese edificio que se ha convertido en su hogar; los que cuentan con una familia no biológica que les ha “apadrinado” y con los que pasan los fines de semana y las vacaciones; y los que simplemente acuden a diario a las clases e interactúan con el resto de internos.

Este tipo de centros presentan como principal distinción el hecho de que los fogones de las cocinas jamás descansan y que una simple pared sirve para diferenciar el ambiente íntimo del dormitorio comunitario del bullicio y la disciplina de las clases. Afincados en entornos rurales primordialmente y nutriéndose de niños de corta edad, los internados se convierten en la única forma viable de salir adelante, o por lo menos, de encaminar a estos menores a un futuro. Mientras el Estado se limita pagar la manutención de los pequeños y los ínfimos salarios del profesorado, los responsables de estos centros se ven obligados a acudir a dos vías alternativas para aliviar su pésimo estado. Por un lado, la labor inconmensurable de los padres, que colaboran directamente (realizando las reformas en los centros) o indirectamente (mediante inyecciones económicas). La otra salida es la de la petición y recepción de Ayuda Humanitaria, para la que todos los pedidos son escasos.

El Internado Veselka Gavrilivka tiene capacidad para albergar hasta 350 niños. Actualmente conviven en sus instalaciones unos 200 y su directora se ve en la obligación de rechazar nuevas peticiones de plaza porque no tiene infraestructuras ni reales ni suficientemente acondicionadas donde darles cabida. En la visita realizada por esta expedición, todos los miembros de la misma acudieron debidamente abrigados con ropa de invierno, y el vaho que emanaba de sus bocas era la mejor certificación de que es inviable que los menores puedan habitar el edificio. La escasa calefacción existente ha sido reconducida para que únicamente tenga que calentar la mitad de la edificación pero una vez más, la sensación de calidez se escurre entre las rendijas de las viejas ventanas mal selladas. De las aulas, poco que contar: que no hay ni mesas ni sillas, que los niños tienen que recibir sus clases sentados en el suelo o de pie y que los somieres de algunas camas son finas planchas de conglomerado que apenas resisten el peso de los más pequeños.

Existen, afortunadamente, otros casos, como el del Internado Especial de sordomudos número 6 de Kiev. Fue el primero de sus características. Abrió sus puertas a principios del pasado siglo y es uno de los referentes de todo el país. Aún así, todo lo concerniente a subvenciones estatales, está igualmente olvidado, aunque sea habitual que los máximos mandatarios (y mandatarias especialmente) acudan a hacerse fotos al centro.
Como mejor triunfo, contaremos que en este internado se han formado algunos campeones paralímpicos, tanto en deportes de grupo como en especialidades individuales y que incluso actualmente el combinado nacional ucraniano cuenta en sus filas con algunos de los que recibieron formación dentro de esas paredes. Por si la vertiente deportiva no fuese suficiente, nos cuentan que en nuestra visita faltan algunos niños porque están en el concurso de canto de la ciudad. Podía ser un dato sin demasiados alicientes, aunque un certamen de música interpretada por niños sordos, dicen que efectivamente, es un espectáculo digno de ser visto. Por cierto, que han ganado la primera fase y el objetivo será pasar las rondas eliminatorias para competir a nivel nacional, donde ya se han cosechado victorias en el pasado.



La visita ha sido gratificante y sobre todo nos ha instruido. Hemos abierto un poco más nuestras mentes y hemos compartido sensaciones sin necesidad, casi, de traductor. Nos despedimos de ellos, de los auténticos protagonistas, llevando nuestro puño cerrado a la frente y después apoyándolo sobre nuestra barbilla en señal de profundo agradecimiento. El lenguaje de signos, a nivel básico, es mucho más sencillo que el ucraniano hablado…

CRIMEA SE OFRECE COMO DESTINO DE ACOGIDA DE AYUDA HUMANITARIA


Fotografías: Óscar Dacosta


Roi Palmás/Kiev


Durante la estancia de AGARESO en Kiev, el jefe del departamento de Juventud y concejal de Presidencia de la República Autonómica de Crimea, Anatoly Shusterovich, se reunió con los reporteros desplazados a Ucrania y con los representantes de la Asociación Solidaridad San Roque, de Leirado, Salvaterra Miño, para ofrecer en persona un nuevo posible destino para el reparto de Ayuda Humanitaria en el futuro.

Crimea se sitúa a unos mil kilómetros de distancia de la capital ucraniana, en la franja del Mar Negro, cuenta con un pasado dorado en el turismo termal (incluso de lujo) y empieza a ser un destino a potenciar para muchos visitantes. Aún así, este representante político explicó que existen problemáticas comunes con las visibilizadas hasta el momento en el proyecto de Kiev y alrededores, aunque también cuentan con otras propias, que dificultan el día a día de los más desfavorecidos, ya que la esclavitud infantil, la “miseria total” y las deficiencias de material en centros de atención como hospitales, orfanatos o colegios están a la orden del día y “son peores” que las visitadas hasta el momento, según él mismo informó.


La República Autonómica de Crimea es independiente a un 85% del poder central de Ucrania y ofrece facilidades tanto para la recepción de Ayuda Humanitaria como para aquellos inversores o empresas que estén estudiando la posibilidad de tener presencia física y mercantil en dicho lugar. Además, Anatoly Shusterovich, invitó formalmente a las dos asociaciones que están desarrollando este proyecto en Ucrania a que vean en primera persona el estado actual en el que se encuentran sus instalaciones sociales y el contexto general de su territorio, al tiempo que esgrimió la posibilidad de realizar intercambios culturales y deportivos con jóvenes crimeanos y de otros países de Europa, como España.



miércoles, 25 de noviembre de 2009

VIKTOR KULBICH: “Los niños de la calle viven en pisos con alcohólicos y drogadictos y les pagan el alquiler con bebida”



Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

En 1990, Víktor Kulbich comenzó su labor social en Kiev. Ahora, cuando la asociación que dirige, el Ukranian Center for Christian Cooperation, ha cumplido la mayoría de edad, puede presumir de ser uno de los centros de referencia del país en la labor con niños de la calle, mientras a título personal, es considerado como uno de los valores más influyentes de la sociedad ucraniana.

-¿En qué consiste su trabajo?

- En la asociación trabajan 17 personas y el voluntariado es básico para poder hacerlo realidad. Además de otras secciones, tenemos dos dedicadas en exclusiva al trabajo con niños. Una de ellas se centra en formar a los profesores y la otra es de trabajo social directo con ellos. Aquí ayudamos a los niños de la calle, a niños con enfermedades derivadas de Chernóbil y también a niños que viven con familias desestructuradas, a las que le falta algún miembro y a las que viven bajo el umbral de la pobreza.

-¿Cómo se concretan estas acciones?

-Uno de los programas más importantes es el de “Proyecto Niño de Navidad”, en el que participan alrededor de 500.000 menores de toda Ucrania, que reciben regalos en estas fechas. El otro, es el los campamentos de verano de la “Aldea de la esperanza”, donde pueden pasar por las instalaciones hasta 14.000 niños.

-¿Por qué ha tenido tan claro desde el primer momento que el trabajo con los niños era primordial?

-Hay varios motivos. Si hay cataclismos de la naturaleza, las primeras víctimas siempre serán los niños. En las batallas políticas, los más heridos son los niños y además, siempre que se registran conflictos familiares, los peor parados son siempre los hijos. Todo esto está influyendo mucho y muy negativamente a estos pequeños. Por ejemplo, tras el desastre de Chernóbil, los padres tenían miedo a tener hijos y cuando los tenían y padecían problemas de salud, los rechazaban. Es por eso que trabajamos con varios hospitales infantiles y ayudamos a las familias para que curen a sus hijos.

-¿Son entonces los niños de la calle su principal preocupación?

-Definitivamente, sí. Este problema existe de verdad. El Gobierno actual hizo mucho para dar más facilidades para trabajar con estos chicos y están intentando controlarlos. Cerraron muchos zulos donde dormían y los están recolocando en orfanatos, aunque son casi como cárceles y es realmente muy duro para ellos.

-¿Cómo viven estos menores?

-Los que están en orfanatos ponen todo su empeño en escaparse y vivir en la calle. Ahora ya duermen en zulos o en los pozos de la calefacción. Actualmente buscan los pisos de los alcohólicos y drogadictos. Se hacen amigos de ellos, salen por la noche a robar y a trabajar, compran comida, alcohol y le pagan el alquiler. Son menores con edades comprendidas entre los 6 y los 14 años, aunque la mayoría son niñas.

-¿Y eso?

-Porque muchas madres las venden para prostituirlas y acaban así.

-¿Cuál es la principal razón para que estos chicos se vean en la calle, solos?

-Hay varias causas. La prostitución de sus madres, la incapacidad de sacar adelante una familia, la violencia, el simple abandono… La mayoría de los niños no tienen ningún tipo de documentación y al no tener papeles no pueden ni ir al médico, por eso es vital brindarles asistencia, limpieza, higiene, ropa, calzado…

-¿En que estado se encuentran?

-Bueno, lo complicado es saber en cada momento dónde están y cómo están. Son muchos y vienen al centro a comer, a lavarse o cuando tienen algún problema pero son muy celosos de sus espacios privados. Casi ninguno sabe leer ni escribir y por eso les damos clases. Llegan con la ropa destrozada, sucios y hasta con bichos porque pueden tardar un mes en aparecer. Muchos consumen pegamento, tabaco, alcohol y otras drogas desde pequeños. La policía colabora para hacerles papeles y que puedan ir a estudiar o trabajar.

-¿Y viven de día o de noche?

-Prioritariamente de noche. Muchos niños no solo roban. Hacen trabajos como descargar basura o camiones. Está prohibido el trabajo infantil pero algunos operarios se arriesgan para darle una ayuda y que puedan comer. Cuando no hacen esto andan toda la noche buscando entre los contenedores de basura. De día duermen, y lo hacen donde pueden.

-¿Cómo de extendidas están las redes de prostitución de menores?

-Considerablemente extendidas. La mayoría de las chicas son vendidas pero también existe un importante desorden entre los propios niños. Viven muchos juntos, con relaciones sexuales entre ellos y habitualmente no saben ni quienes son los padres de sus hijos. Las chicas más mayores las venden a otros países, las engañan ofreciéndoles trabajo y las mandan como esclavas sexuales a diferentes países de Europa. De hecho las estadísticas no oficiales revelan que el 40% de las prostitutas que están en Europa son de Ucrania, Moldavia, Rusia y Bielorrusia, que es casi la mitad del total. Además, las ucranianas se consideran como las más guapas y se venden y se compran muy rápido.

-¿Y qué hay de las mafias?

-En Ucrania existen realmente. En Kiev es muy difícil de ver porque es la capital y no hay granjas como en otras poblaciones. Hace poco salió un reportaje de Odesa, en el Mar Negro, y descubrieron fábricas y granjas donde trabajaban niños, encerrados, que vivían como animales. La policía le dedica poco tiempo a estas cosas y normalmente interviene solo cuando ya no hay salida y hay un peligro real.

-¿Es optimista de cara al futuro, con estos niños?

- Mi meta es darle el calor y el amor de una familia. Ya he visto casos en los que los niños han empezado una vida nueva y han olvidado todo su oscuro pasado. Hay resultados y nuestra puerta siempre estará abierta. Además, soy optimista. Este país tiene que salir de la crisis económica, social, de valores y de alma que atraviesa. Ucrania es muy rica. La gente es buena pero están dirigidos por mala gente, aunque no perdemos la esperanza de que lleguen buenos gobernadores porque esto no puede ser así siempre.

Los príncipes de la calle


Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

Las historias que a continuación se relatan son parte del pasado reciente de sus protagonistas y de hecho, hieren la sensibilidad de cualquiera que tenga corazón. Lo que les une a todos ellos es que hoy en día viven perfectamente socializados, están en el seno de una familia y sus ojos brillan porque simplemente son felices.

Hubo tiempo en el que todos ellos vivieron asustados, temerosos y al margen de la sociedad. Muchos de ellos robaban y comían o dormían cuando y donde podían. Sus personalidades se hicieron deprisa, a la defensiva. Todos ellos tardaron días, semanas en fiarse de alguien que le tendiese la mano sin necesidad de levantársela. Sus padres biológicos responden al perfil de: muertos, desaparecidos sin dar explicaciones, alcohólicos, drogadictos, proxenetas o violentos. Algunos, la inmensa mayoría, pasaron por uno o varios orfanatos donde las cosas no mejoraban y todos se vieron durmiendo al ras, sin un futuro. Esnifar pegamento, fumar o ingerir bebidas alcohólicas formaba parte de su día a día o del de sus amigos y compañeros de viajes. Los príncipes de la calle en Ucrania, bien podrían ser “Los pequeños zares de la calle”…

VLAD

Vladimir llegó a la normalidad hace tres años. Ahora tiene 9 y se puede decir que durante los seis primeros de su vida ha visto todo lo negativo que le correspondería durante toda su existencia y mucho más. Ha sido testigo de maltratos continuados, de un caso de fuerte alcoholismo en casa y hasta ha tenido que presenciar cómo su madre se prostituía. Todo eso le ha labrado una personalidad impactante para un cuerpo tan pequeño. La mirada la tiene fría, dura y desafiante. Cuando llegamos, tomó la iniciativa y no vaciló en preguntar si éramos de una inspección. Ahora es el líder. Los demás le respetan como tal y ha conseguido ser el ayudante primero de su nuevo padre adoptivo. El primer día, cuando llegó a su nuevo hogar, empleó las dos primeras horas en romper y destrozar todo lo que estuvo a su alcance. Sus notas fueron pésimas en su vuelta a la escolarización y tuvo en jaque a la familia y al claustro de profesores. Hoy en día está muy apaciguado. Saca buenas notas y no da problemas. El objetivo es que Vlad llegue a poder olvidar todo lo que ha visto con esos ojos que llegan a hipnotizar si los miras durante demasiado tiempo.




JANETTE

Janette tiene ahora 18 años, unas notas de envidia y el corazón pleno de felicidad. Su madre biológica era ucraniana. Su padre, de Mozambique, aunque murió hace años. La primera acabó en el mundo de la prostitución después de dar a luz a cinco pequeños, que fueron separados por las autoridades y repartidos por diferentes orfanatos. Lo que los unía era la sangre, el color de la piel y que todos eran tan cerrados como desconfiados con los demás. “Apenas hablaban y tenían la mirada rota”, recuerda Víktor Kulbich, uno de los artífices de que su vida haya dado un vuelco.

Para mayor sufrimiento, Edmon, uno de los cinco hermanos, murió de un tumor cerebral. Janette pasó de ser la hermana mayor, a la madre circunstancial de los demás para, ahora, de nuevo, ser una más dentro de una nueva familia. Los cuatro vástagos de aquellos dos progenitores iniciales se han vuelto a reunir, son felices y tienen cuatro hermanos más, muchos de ellos, salidos de las mismas frías calles y orfanatos ucranianos.




VERA

La tercera protagonista ya no es una niña. Vera tiene 23 años, aunque su apariencia exterior es de alguien mayor. Sentada, como la encontramos, nadie diría que estará atada a unas muletas de por vida. Cuando tenía 11 años su madre murió. Ella subsistía como mejor podía y como tantos otros niños se colaba en los trenes de mercancías para ir cambiando el área de influencia. Se creían inmortal, lejos de las ataduras de las reglas sociales. Un día, en uno de esos trenes, algo la sobresaltó. Tuvo que saltar. Lo había hecho miles de veces, aunque ese día, precisamente ese día perdió el pie derecho para siempre. Ahora ya no consume drogas, ya no está enganchada al pegamento y ya no bebe. Ahora, lo que hace es ir a la sede del Ukranian Center of Christian Cooperation para ayudar a los que ahora tienen 11 años y quieren saltar de los trenes en marcha.

Sasha y Misha, los niños que vinieron del frio


Fotografías: Óscar Dacosta

Roi Palmás/Kiev

La historia de Sasha y Misha es el breve relato de un espeluznante episodio que ocurrió hace casi tres años. Los dos protagonistas tenían 3 y 4 años de edad cuando un buen día, por estas fechas, su madre salió de casa. Lo que provocó que en esa fecha cambiasen para siempre las vidas de los dos protagonistas es que la mujer se fue para no volver jamás. Cerró la puerta con llave por fuera y los abandonó sin previo aviso. En casa no había calefacción, apenas había ropa o mantas con las que taparse y la comida seguía siendo realmente un bien escaso.

Pasaron los días y Sasha y Misha seguían sin explicaciones, con mucho frío y jugándose la vida encerrados entre cuatro paredes. Repito que por aquel entonces tenían 3 y 4 años de edad. Los vecinos, acabaron por acceder a la vivienda por la fuerza y se encontraron a los dos pequeños tiritando, en el suelo, acurrucados el uno contra el otro, desnutridos y con síntomas de congelación en el cuerpo. Los llevaron de urgencia al hospital y les salvaron las vidas cuando ya se habían entregado a la muerte.

Ahora Sasha y Misha, cuando te miran, ya no piensan en esos días. Nadie, absolutamente nadie, ni ellos mismos, saben decir cuánto tiempo estuvieron en esa situación límite, pero todo el mundo coincide en que si llegan a sufrir un poco más, solo un poco más, hubiese sido demasiado tarde. Hoy, los dos niños que sobrevivieron al frío de Ucrania son felices. La madre, la que se fue cerrando la puerta por fuera y dejando encerrados a sus dos vástagos sigue sin dar señales de vida, o de muerte…